La pobreza cabalga a inusitado galope como una aterradora pandemia, al tiempo que los ricos aumentan sus riquezas de forma escandalosa. En esta vorágine de barbarie impuesta por los capos de un neoliberalismo ciertamente asesino, millones de criaturas se quedan sin amparo en nuestro país, y centenares de miles sin techo donde cobijarse…

Pero la pobreza es un implacable testigo de cargo que el sistema quiere eliminar. Por eso no quiere pobres en las calles. Los pobres deben de desaparecer de las ciudades. En Valladolid, el PP, ha aprobado una ordenanza con el pomposo nombre de “Protección de Convivencia Ciudadana”. Con eufemismos parecidos se llevaban a los judios a los campos de exterminio. Con esta Ordenanza, el PP de Valladolid no quiere ver mendigos en la ciudad, pero tampoco aporta soluciones para esas personas cuya único medio de subsistencia es la limosna. Simplemente pretende que desaparezcan sin más. Con medidas como esta, la situación de exclusión social se torna aún más dramática para los que la padecen pues tendrán que esconderse como apestados o delincuentes, no dejándoles otras alternativas que la del robo o el pillaje para subsistir.

Si la Ordenanza de Valladolid prospera, es fácil que sea exportada a otros Ayuntamientos de España, y si lo consentimos o miramos a otro lado es posible que en un futuro no muy lejano se levanten campos de concentración que hacinen a los desheredados de la tierra para que su imagen no ensucie nuestras ciudades. El fascismo tiene mil caras, y una de ellas es la que estamos viviendo en estos tiempos.