En Cataluña, el gobierno de ultraderecha de Mas y su compinche, Durán y Lleida no sólo se ha lanzado a una política de agresión contra la ciudadanía (brutalidad policial, recortes sociales, educación, sanidad, etc.) sino que también pretende que en las manifestaciones los ciudadanos renuncien al derecho de intimidad, obligándoles a llevar el rostro descubierto para cazarlos mejor. Es una nueva vuelta de tuerca a derechos básicos que, de manera alarmante, nos van recortando como en las peores de las dictaduras. Dicen que lo hacen contra aquellos que en las manifestaciones se comportan de manera violenta (insultan a la policía, queman contenedores, apedrean sucursales bancarias) como si esta violencia fuera comparable en los daños que causa a esa otra del sistema cuya agresión, infinitamente más sutil y devastadora, se ampara en leyes que en muchos casos van contra el ordenamiento constitucional y que pretenden justificar un “estado de derecho” que merma libertades y conquistas sociales adquiridas. Las leyes por el hecho de serlo no son necesariamente justas ni democráticas. No es baladí recordar aquí que el franquismo también se escudaba en una pléyade de leyes y en un pretendido estado de derecho con el que justificar “legalmente” sus abyectos crímenes.

A estas alturas del siglo veintiuno, ya es repugnante ver en las sociedades civilizadas la imagen de unos mercenarios del Estado, golpeando a  niños, abriendo cabezas, abofeteando impunemente a mujeres por el hecho de manifestarse, comportándose como una turba de salvajes perfectamente pertrechados contra una ciudadanía desarmada que, a lo sumo, se defiende con insultos o piedras. No. Esto no entiendo que sea democrático ni se ajuste a derecho alguno. En definitiva, estas actuaciones y como sucede en las dictaduras, sólo persiguen llamar a rebato al miedo para aterrorizar a la ciudadanía. Con estas actitudes fascistas, el sistema pretende la sumisión total y la no contestación social frente al que le quita derechos, le deja en la calle, le roba el pan y destruye el futuro de su familia para que unos cuantos psicópatas engorden poder y riquezas sin fin. Los defensores del sistema, pretender atar y amordazar a este pueblo para devorarlo mejor, negándole cualquier capacidad para defenderse. Quieren cadáveres silenciosos y ordenados que desfilen por las calles como zombis sin alma, y que cada cuatro años voten para seguir explotando una moribunda y pútrida democracia, nacida en regio prostíbulo, a la que mantienen viva para seguir justificando desmanes en su nombre.

Los de Ciu se lo están poniendo en bandeja a los del PP a la hora de aplicar un armagedón que ya está arrasando con todos los derechos conquistados a fuerza de sacrificada lucha.  El derecho a la huelga tal y como lo conocemos, está ahora en el punto de mira de aquellos que pretenden acabar con las libertades en nombre de la libertad.

Creo que no sería decente caer en el sucio juego al que pretenden que juguemos todos, demonizando a los que ellos llaman “los antisistema”, porque y en definitiva, “antisistema” somos todos aquellos pensantes que hemos adquirido por la fuerza de la evidencia un profundo nihilismo sobre la realidad que nos asiste, plagada de agresiones, mentiras y corruptelas.

Parafraseando de algún modo a Unamuno en su famoso altercado con los fascistas en la Universidad de Salamanca, a este sistema le puede asistir la fuerza bruta, pero de ninguna manera la razón.

j.m.boix