Los resultados de las elecciones en Andalucía ha dado una llave oro a esta federación de izquierdas cuya administración la pone en el punto de mira de sus afiliados, y en general de todos aquellos ciudadanos –muchos de ellos, desencantados del PSOE–– que han puesto su confianza en la prédica de su programa.

Ciertamente el pueblo andaluz ha frenado el tsunami azul en Despeñaperros, y esto ha sido el primer aviso a un gobierno de la derecha que ha visto como ha perdido cuatrocientos mil votos en esta comunidad a causa de la barbarie que ha supuesto su reforma laboral, así como otros graves incumplimientos como la subida de impuestos y el ataque a los servicios que el pueblo considera “intocables” como la sanidad y la educación.

Esa mayoría absoluta en Andalucía donde Arenas ha hecho aguas, deja a esta Autonomía con un voto mayoritariamente de izquierdas, que si por un lado supone una clara victoria frente a las pretensiones de la derecha, por otro lado infiere una enorme responsabilidad para aquellos que deben administrarla. Valderas se ha desgañitado en asegurar que el PP e IU son como agua y aceite, y tiene razón. Pero, ¿PSOE e IU?

Izquierda Unida tiene una sólida ideología basada en el anticapitalismo y a partir de aquí levanta todo un programa alternativo cuyo basamento descansa, básicamente, en una democracia social donde la economía real está al servicio del ciudadano y no al revés. Sin embargo, el PSOE no comulga con estos principios e, incluso, ha navegado bien en este sistema neoliberal de especuladores, banqueros y plutócratas, sintiéndose bastante cómodo como hemos podido comprobar. No olvidemos que, aunque con pequeños matices más bien procurados para la galería que para otra cosa, los socialistas asumen y defienden la economía libre mercado tanto como el PP, y aquí no es cuestión de matices. Un pacto de gobierno con un partido de difusa ideología como el PSOE,  que juega siempre al oportunismo político no es tampoco el mejor compañero de viaje para IU, por otro lado una formación que ha recibido mucho del voto desencantado socialista, harto del chalaneo, las corruptelas y la derechización de esta formación política. Gordillo, alcalde de Marinaleda, viejo zorro de incontestable gestión en su pueblo, no ve tan claro un pacto de gobierno PSOE-IU sin arriesgar el futuro de esta última formación, hoy hasta cierto punto victoriosa. Sin duda alguna a muchos izquierdistas de Andalucía les dio un pálpito de mala señal, la manera prepotente con la que el PSOE asumió su derrota –– perder el gobierno siempre supone, creo yo una derrota ––, celebrando esa misma noche la victoria de la izquierda como suya, o lo que es lo mismo, fagocitando sin pudor alguno el éxito de Izquierda Unida a la que tiene claro inmolar a su cuita por mantener el poder.  En verdad hay muchas historias que nos aleja del PSOE de Chávez y de su delfín Griñán. A la izquierda no se nos olvida el trato despreciativo y las malas artes políticas que hemos soportado de ellos en Ayuntamientos, Diputaciones y Parlamento.

Las elecciones andaluzas han dejado el mejor escenario posible para una Izquierda Unida que dobla su fuerza electoral y la confianza de los andaluces. A partir de este momento, el futuro de la coalición está en manos de la solución que se tome en la difícil encrucijada en que se encuentra, y resolver el mejor camino para aquellos que le han dado su confianza. Se puede entrar en coalición de gobierno, repartirse el poder y consejerías, y vivir la vida sin pena ni gloria durante los próximos cuatro años, aunque no me cabe duda que esto resultaría el fin de Izquierda Unida en Andalucía.

Para concluir, no quiero que este artículo de opinión se tome como una sugerencia a imitar el “caso Extremadura”. Más lejos que eso. El PP se ha quedado en Despeñaperros y de ahí no debe pasar de ninguna de las maneras porque nos va la vida en ello. Andalucía debe ser el bastión de la resistencia a esa España negra –– no azul ––, que se extiende y ensombrece nuestro futuro. Pero para lograrlo, Izquierda Unida tiene la titánica tarea de amarrar corto a un PSOE que ha demostrado sobradamente que no es de fiar. Apoyar ––a regañadientes diría yo –– la investidura de Griñán y que gobierne con los votos puntuales de la coalición, sería la mejor solución. Lo contrario, entrar a formar parte de un gobierno de coalición, llevaría a Izquierda Unida a no tener libertad de crítica, a penosas situaciones programáticas, además de las vergonzosas corruptelas que arrastran los socialistas y que terminarían, al final, por salpicar a esta formación.

j.m.boix