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El sistema se ha roto, ya no nos sirve. De eso están seguros tanto los que mandan como la mayoría de los gobernados. En el ambiente se respira con alarma un sálvese el que pueda y se refuerza las medidas coercitivas para proteger el patrimonio de los que se lo han llevado calentito en esta catástrofe. Ya ni siquiera te permiten protestar o resistirse pacíficamente; todo se torna delito penal para unas clases dominantes dispuestas a defender a sangre y fuego sus rapiñas en este universal saqueo, en el terrorífico festín propiciado por la gran derecha europea. El sistema se ha descarnado y su democracia hace tiempo que se quedó en los huesos. Las campañas electorales ya resultan solemnes estafas porque no se cumple nada de lo que en ellas se promete. Los ciudadanos no tienen donde elegir que no sea más miseria y más injusticia. Los políticos nada que ofrecer al margen de las recetas de la Merkel y su Banco Central Europeo.
El inmenso drama de seis millones de personas desempleadas se vive en las castas de la derecha empresarial como en un vergonzante boudevil donde abunda la maledicencia y el socarrón chascarrillo contra el trabajador. Brindan y babean de insana felicidad ante un siglo diecinueve que regresa disfrazado de competitividad asiática. Es el festín de la reforma laboral, una inmensa y criminal dádiva de este gobierno al libertinaje económico exigido por la mediocre y deshumanizada clase empresarial.

La Generalitat Valenciana abre fuego sin contemplaciones contra uno de los pilares básicos de nuestra sociedad de bienestar. A partir del 2013 el inmenso pastel de la sanidad pública saldrá a subasta para ser gestionada por la empresa privada, quizás por los amigotes de Gürtel. En menos de seis meses el PP ha laminado sin apenas oposición todo lo que nos ha costado décadas en construir, ante un pueblo perplejo que no termina de creerse lo que está sucediendo.
Rajoy y su “blizkrieg”contra el estado social ha arrasado en pocas semanas unos derechos constitucionales que han dejado de existir por mucho que lo nieguen. Nuestra Constitución lejos de resultar una garantía de amparo a nuestros derechos ciudadanos ha pasado a convertirse en un ominoso pagaré donde sólo se garantiza los pagos de la deuda (del robo) a los mercados especuladores. Da igual que España se quede sin sangre en este empeño. Aquí el PSOE se retrató definitivamente por si a alguien le quedaba alguna duda.

Mientras tanto la farsa continúa, y los políticos del Parlamento español y del resto de instituciones siguen con sus diatribas, con sus discursos formales como si nada pasara, ignorando que las puertas del infierno se han abierto con estremecedor chirrido. Ante esta barbarie donde la democracia ha dejado de ser democracia, la izquierda parlamentaria se limita a gesticular, a hacer aspavientos y continúa con sus sermones tan vacíos como “políticamente correctos”. Eso sí, cobrando suculentos sueldos. Es la sordidez de una trágica verbena, que como cantara Serrat, siempre fenece de la misma manera en esta España de títeres y marionetas. Al final los pobres a su pobreza y los ricos a sus riquezas.

Ante estas calamidades el pueblo se remueve, protesta, se manifiesta. Pero continúa disperso en sus reivindicaciones. Sus gritos y salvas se quedan tan obsoletos como distantes de la actual realidad. Porque esa realidad ha rebasado con creces la oportunidad de las consabidas consignas y chistosas ocurrencias contra los banqueros ladrones y políticos de mala casta. Es el sistema mismo y al completo el que está en la UVI  y su democracia en “corpore insepulto”. Ya es hora de enfrentarnos a esta realidad y apuntar más alto a la hora de exigir. Este país necesita con urgencia que se abra un nuevo periodo constituyente porque la farsa que estamos viviendo es ya insostenible. Necesitamos una nueva Constitución que realmente garantice y avale nuestras libertades y derechos democráticos, hoy vulnerados por los dos grandes partidos. Una Constitución soberana y del pueblo donde no tengan cabida esos pilares del franquismo que hoy comandan la inmensa ruina que padecemos. Es la única salida que nos queda ante la formidable encerrona que nos ha procurado el criminal capitalismo. Ni que decir, que la izquierda institucional votada por el pueblo tiene mucho que decir en esto porque con su presencia en la instituciones está dando  soporte de “legalidad” a esta infamia. Debe ser la primera en declararse insumisa públicamente y cortar amarras con la actual situación de podredumbre democrática y constitucional. En estos tiempos que corren tiene que mojarse y arriesgar más porque la ruptura con la actual situación debe comenzar en las instituciones, desde los Ayuntamientos al Parlamento de Madrid, pasando por las Instituciones Autonómicas. Ya no son tiempos para el socorrido alegato de “acato por imperativo legal” y quedarse tan pancho; ya no son tiempos para febriles estrategias electorales y connivencias estériles. Hoy, esta democracia y la Constitución que la amparaba están de cuerpo presente y ya es tiempo que la izquierda deje de contribuir a maquillar sus cadáveres en las instituciones.

¡Viva la Tercera República!

j.m.boix