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¿Donde están los jueces de este país que hagan justicia? ¿También están todos comprados?

Para empezar e ir haciendo boca con lo que le va a tocar en esta legislatura, el señor Valderas y su equipo ha tenido que aprobar de manera vergonzosa uno de los mayores tijeretazos que se han realizado en las autonomías del Estado, castigando una vez más y de manera importante al sufrido funcionariado y a la ciudadanía con subidas de impuestos. El salvoconducto para cumplir con tal desmán ha sido, como no podía ser de otra manera, el socorrido “acato por imperativo legal”, que en esta ocasión y haciendo senda con Izquierda Unida ha utilizado el mismísimo Griñán con toda la caradura de que es capaz y que no es poca.

No contento aún con haber “pringao” hasta las trancas a Izquierda Unida Andalucía al asumir estos impresentables recortes, el presidente se esconde después, y con inaudita desfachatez obliga a Valderas a que de la cara frente a los sindicatos para explicar lo inexplicable de estos recortes. Griñán podía haber tenido más tacto y, por qué no decirlo, más respeto a la hora de considerar a su aliado. Podía haber salido él mismo a explicarlo o haber mandado a su pupilo Susana Díaz, número dos de facto en su nuevo gobierno, pero ha preferido librarse y librarla a ella del  mal trago. Para eso estaba el vicepresidente “honorífico” de Izquierda Unida, y tontaina de turno.

Griñán parece disfrutar de un excelente olfato y ha percibido en Valderas y los suyos a los perfectos segundones, a los corre y dile de turno… Y Valderas, lejos de negarse, lejos de rebelarse ante tal manipulación, ha aceptado con su decisión ir de pandereta sociata en todo este podrido asunto el resto de legislatura. Porque ya se sabe que el traga una vez…

Mientras esto sucede en estas benditas tierras de María santísima, en Extremadura una izquierda real, decente y fiel a sus principios vota contra los recortes en su Autonomía.

j.m.boix

Las últimas noticias que nos llegan nos cuentan que los bancos tendrán que hacer un balance de sus activos “tóxicos” inmobiliarios, ajustándolos a su valor real o lo que es lo mismo:  dejarlos limpios de polvo y paja de lo que en su día supuso los precios desorbitados de la especulación potenciados por la “burbuja inmobiliaria”. Con esta medida los precios sufrirán una caída en muchos casos de más del 50%, hasta alcanzar un suelo razonable. Los especuladores listillos que en aquellos días creyeron hacer su agosto invirtiendo en ladrillo, lo perderán todo , aunque éstos no me preocupan, más bien que se jodan. Lo que sí lamento es la situación en que quedan las familias que en esta época se vieron en la necesidad de adquirir un techo donde cobijarse –– por otro lado un derecho constitucional y no un lujo––, y que continuarán pagando una brutal hipoteca que no será revisada a la baja aunque el valor de su vivienda en el mercado se deprecie, de facto, a la mitad de su valor original.

Pero lo más grave de todo este podrido asunto será la repercusión que tendrá esta medida en los próximos desahuciados, que desgraciadamente están por venir y que tendrán que dejar sus viviendas ante la imposibilidad de venderlas, y que en la mayoría de los casos se verán obligados a continuar pagando una hipoteca sobredimensionada con el factor “tóxico” añadido, fruto de nuestra queridísima burbuja. Para ellos no habrá ningún rescate, ninguna ayuda, porque la quiebra de la economía de ciento de miles de familias que se quedan en la calle con una mano delante y otra detrás no parece interesarle a este gobierno. La palabra injusto quedaría demasiado honorable a la hora de calificar esta y otras tropelías.

En este caso como en tantos otros que se producen en este reino afincado en la corrupción y el pillaje, el gobierno ha decidido liberar a los bancos de su propia mierda con su habitual talante de robo a mano armada cara al ciudadano común –– digo a mano armada porque tiene a la policía por si alguien se resiste a dejarse robar ––, y en esta ocasión como en tantas otras los bancos volverán a ser redimidos de sus basuras y quiebras económicas con nuestro dinero y bajo la excusa de protejer a los ahorradores. Personalmente no tengo ahorros en los bancos, ¿por qué tengo que poner dinero para salvaguardar los ahorros de otros? ¿También los desempleados que ya no tienen ni subsidios tienen que cubrir a esos accionistas y ahorradores? Eso sería factible en una España con un gobierno realmente solidario. ¿Pero acaso éste lo es? De momento y sin mayores explicaciones el Estado pondrá en las manos de los encorbatados y facinerosos gestores de Bankia más de diez mil millones de euros para compensarles de la devaluación que sufrirán los “activos malos” que salgan al mercado en la forma de centenares de miles de inmuebles. De nuevo un ingente dinero público que de Guindos –– el mismo de la monumental quiebra de Lheman Brothers –– asegura que la entidad devolverá en cinco años con intereses incluidos. Lo dice a sabiendas que está mintiendo y que tal cosa no sucederá.

Ante esta situación, lo democrático y solidario sería que también se rescatara al ciudadano poseedor de un primera vivienda donde cobijarse y que fue víctima de la lujuria económica de los de siempre. Que el Estado también le compensara del activo tóxico que supone haber invertido por necesidad en un inmueble que ahora vale la mitad. ¿O acaso no sería lo justo? ¿Dónde está escrito que el ciudadano sea siempre el pagano de tanto estropicio? ¿En razón de qué arbitraria ley sólo se socializan las pérdidas de los más poderosos y nunca sus beneficios?

Porque una vez más y recapitulando será el poca ropa, el ciudadano de a pie, el desempleado, el que nunca participó del festín de la “burbuja inmobiliaria”, el que sigue pagando aquellas hipotecas escandalosas, el que sólo recibe recortes en sus derechos y más y mayores impuestos, el que tenga que apechugar con los robos y despilfarros de toda la caterva de mafiosos y sinvergüenzas que mandan hoy en este país, que originaron nuestra debacle económica y que continúan al día de hoy disfrutando de sueldos y jubilaciones millonarias con el beneplácito de un gobierno testaferro que sólo les representa a ellos y que pernace instalado en el permanente atraco a los más débiles.

Porque como siempre sucede en los cuentos de este corrompido capitalismo, sólo unos cuantos continuarán viviendo superfelices y comerán superperdices a costa de mantener en la miseria a todo un pueblo.

j.m.boix

Hemos tenido ocasión de  comprobar que el 15M no ha muerto, y que a pesar de los impedimentos de este gobierno retrógrado decenas de miles de personas volvieron a retomar la plaza de Sol donde se revivieron, como en una moviola, los mismos gestos y críticas del 2011, pero a mi entender sin la frescura y el ímpetu de entonces.

El pasado 12 de mayo, Sol desafió el mandato del régimen de abandonar la plaza a las diez, para así dar cumplimiento al ya tradicional “grito mudo” de las doce entre un mar de manos agitadas. Ha pasado un año entre aquella explosión original y esta copia, que aunque magnífica, me ha parecido más testimonial que otra cosa. En su haber el 15M ha conseguido en ese periodo su labor más visible y positiva que sin duda ha sido la de luchar con su presencia contra los criminales desahucios, pero  a estas alturas acusa el desgaste de un interminable proceso asambleario donde se ha mareado la perdiz sin que se haya llegado más allá en la materialización de su protesta.

Sus interminables reivindicaciones domésticas en asambleas a pie de plazoleta han contribuido a una buena praxis de concienciación popular, pero también ha dispersado su fuerza, llevándole a un callejón sin salida.  Ya sabemos que los banqueros nos roban, que nuestros gobiernos nos engañan, que la Constitución sólo ampara a los chorizos, que tenemos una Monarquía corrupta… ¿Y ahora qué?, sería la gran pregunta.

Sinceramente creo que si el 15M continúa por esas vías de desgaste asambleario sin intentar aglutinar su fuerza a través de una consigna reivindicativa común y puntera que emplace y unifique la raiz de nuestros problemas,  mucho me temo que el movimiento pueda acabar convirtiéndose en una vistosa y reivindicativa verbena de primavera.

j.m.boix

      Me ha sorprendido mucho comprobar que IU no asume ninguna de las Consejerías relacionadas con Empleo o Bienestar Social, consejerías por otra parte relegadas de manera insólita a un segundo término en este nuevo gobierno de Griñán. Áreas que le serían más propias a la coalición de izquierdas donde podría ejercer mucha mejor labor que los socialistas. En cambio ha preferido otras donde abunda el dinero –– turismo y fomento ––, y una menos comprometida creada ex profeso para el propio Valderas, una difusa consejería de Relaciones Institucionales desgajada de Gobernación y que aún está por definir; una especie de consejería “en cap” –como dirían los catalanes–– unida a la vicepresidencia y sin mayores consecuencias que la de estar en todos los sitios y en ninguno. Por tanto un cargo más honorífico que otra cosa y de dudosa utilidad para el ciudadano.

      Sinceramente creo que ahora que Izquierda Unida ha decidido cogobernar con el PSOE –– decisión de alto riesgo para la organización––, el señor Valderas y los suyos podían haberse mojado un poco más, al menos en lo que tiene que ver con asuntos sociales,  área que por lo demás ha sido siempre buque insignia de esta organización.  Pero al parecer y a la hora de la verdad, el problema del desempleo y de la miseria que se multiplica en Andalucía, les ha parecido a los parlamentarios de IU “patatas demasiado calientes” , optando así por consejerías más gratificantes. Porque, aunque es cierto que fomento implica también un área de inversiones públicas y por tanto de creación de empleo, mal lo llevaremos si ese empleo lo gestiona el PSOE.

      Las políticas sociales hace tiempo que hacen aguas. Los Ayuntamientos se encuentran en bancarrota y difícilmente tienen dinero para ofrecer, siquiera, miserables vales de comida a sus vecinos necesitados. Cáritas se encuentra desbordada en sus posibilidades de atender a más gente necesitada, y esto es algo que está ahí y que se está profundizando alarmantemente con la barbarie de economía que padecemos. Pero las administraciones públicas no pueden hacer dejación de este grave problema, abandonando al ciudadano a la buena voluntad de asociaciones humanitarias, porque aún no ha entrado en este país, al menos que yo sepa, la Beneficencia como institución social. Izquierda Unida debería ser mucho más sensible con esta realidad social más allá de sus discursos revolucionarios a su militancia, y asumir compromisos claros y contundentes en este nuevo gobierno que comienza. Cierto que en su programa se establece la propuesta de un “salario social”, pero tal cosa será harto difícil de cumplir cuando hay un monumental recorte para Andalucía de más de dos mil millones euros, que aún está por ver en que se va a traducir. Lo más seguro sea que esa renta básica se torne al final un brindis al sol en el actual contexto económico que nos movemos, y que Izquierda Unida tenga que recurrir al “no podemos hacerlo por imperativo legal”, como diría el señor Centella, echándole la culpa de todo al PP.  Un recurrente y socorrido estribillo lo del imperativo legal que solapa una incapacidad de lucha, y la nula valentía de una izquierda que no abandona el cómodo discurso “políticamente correcto” en las instituciones. Una izquierda, que en lo práctico, cada vez se parece más al PSOE.

Ojalá me tenga que comer algún día este artículo si me equivoco, pero mal hemos empezado cuando el juramento coherente aunque poco ortodoxo de un compañero a la hora de acceder a su cargo produce risas y rebuznos entre su grupo parlamentario. Veremos si al final todo se resume, como me temo, a sueldos y poltronas.

j.m.boix

J.M. Boix

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