Me ha sorprendido mucho comprobar que IU no asume ninguna de las Consejerías relacionadas con Empleo o Bienestar Social, consejerías por otra parte relegadas de manera insólita a un segundo término en este nuevo gobierno de Griñán. Áreas que le serían más propias a la coalición de izquierdas donde podría ejercer mucha mejor labor que los socialistas. En cambio ha preferido otras donde abunda el dinero –– turismo y fomento ––, y una menos comprometida creada ex profeso para el propio Valderas, una difusa consejería de Relaciones Institucionales desgajada de Gobernación y que aún está por definir; una especie de consejería “en cap” –como dirían los catalanes–– unida a la vicepresidencia y sin mayores consecuencias que la de estar en todos los sitios y en ninguno. Por tanto un cargo más honorífico que otra cosa y de dudosa utilidad para el ciudadano.

      Sinceramente creo que ahora que Izquierda Unida ha decidido cogobernar con el PSOE –– decisión de alto riesgo para la organización––, el señor Valderas y los suyos podían haberse mojado un poco más, al menos en lo que tiene que ver con asuntos sociales,  área que por lo demás ha sido siempre buque insignia de esta organización.  Pero al parecer y a la hora de la verdad, el problema del desempleo y de la miseria que se multiplica en Andalucía, les ha parecido a los parlamentarios de IU “patatas demasiado calientes” , optando así por consejerías más gratificantes. Porque, aunque es cierto que fomento implica también un área de inversiones públicas y por tanto de creación de empleo, mal lo llevaremos si ese empleo lo gestiona el PSOE.

      Las políticas sociales hace tiempo que hacen aguas. Los Ayuntamientos se encuentran en bancarrota y difícilmente tienen dinero para ofrecer, siquiera, miserables vales de comida a sus vecinos necesitados. Cáritas se encuentra desbordada en sus posibilidades de atender a más gente necesitada, y esto es algo que está ahí y que se está profundizando alarmantemente con la barbarie de economía que padecemos. Pero las administraciones públicas no pueden hacer dejación de este grave problema, abandonando al ciudadano a la buena voluntad de asociaciones humanitarias, porque aún no ha entrado en este país, al menos que yo sepa, la Beneficencia como institución social. Izquierda Unida debería ser mucho más sensible con esta realidad social más allá de sus discursos revolucionarios a su militancia, y asumir compromisos claros y contundentes en este nuevo gobierno que comienza. Cierto que en su programa se establece la propuesta de un “salario social”, pero tal cosa será harto difícil de cumplir cuando hay un monumental recorte para Andalucía de más de dos mil millones euros, que aún está por ver en que se va a traducir. Lo más seguro sea que esa renta básica se torne al final un brindis al sol en el actual contexto económico que nos movemos, y que Izquierda Unida tenga que recurrir al “no podemos hacerlo por imperativo legal”, como diría el señor Centella, echándole la culpa de todo al PP.  Un recurrente y socorrido estribillo lo del imperativo legal que solapa una incapacidad de lucha, y la nula valentía de una izquierda que no abandona el cómodo discurso “políticamente correcto” en las instituciones. Una izquierda, que en lo práctico, cada vez se parece más al PSOE.

Ojalá me tenga que comer algún día este artículo si me equivoco, pero mal hemos empezado cuando el juramento coherente aunque poco ortodoxo de un compañero a la hora de acceder a su cargo produce risas y rebuznos entre su grupo parlamentario. Veremos si al final todo se resume, como me temo, a sueldos y poltronas.

j.m.boix