Hemos tenido ocasión de  comprobar que el 15M no ha muerto, y que a pesar de los impedimentos de este gobierno retrógrado decenas de miles de personas volvieron a retomar la plaza de Sol donde se revivieron, como en una moviola, los mismos gestos y críticas del 2011, pero a mi entender sin la frescura y el ímpetu de entonces.

El pasado 12 de mayo, Sol desafió el mandato del régimen de abandonar la plaza a las diez, para así dar cumplimiento al ya tradicional “grito mudo” de las doce entre un mar de manos agitadas. Ha pasado un año entre aquella explosión original y esta copia, que aunque magnífica, me ha parecido más testimonial que otra cosa. En su haber el 15M ha conseguido en ese periodo su labor más visible y positiva que sin duda ha sido la de luchar con su presencia contra los criminales desahucios, pero  a estas alturas acusa el desgaste de un interminable proceso asambleario donde se ha mareado la perdiz sin que se haya llegado más allá en la materialización de su protesta.

Sus interminables reivindicaciones domésticas en asambleas a pie de plazoleta han contribuido a una buena praxis de concienciación popular, pero también ha dispersado su fuerza, llevándole a un callejón sin salida.  Ya sabemos que los banqueros nos roban, que nuestros gobiernos nos engañan, que la Constitución sólo ampara a los chorizos, que tenemos una Monarquía corrupta… ¿Y ahora qué?, sería la gran pregunta.

Sinceramente creo que si el 15M continúa por esas vías de desgaste asambleario sin intentar aglutinar su fuerza a través de una consigna reivindicativa común y puntera que emplace y unifique la raiz de nuestros problemas,  mucho me temo que el movimiento pueda acabar convirtiéndose en una vistosa y reivindicativa verbena de primavera.

j.m.boix