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Soy consciente que determinados valores que han dignificado nuestra especie en una forma de pensar, vivir y comportarnos están dejando de existir.  Sin embargo la alternativa es una “no alternativa”. La dignidad, el respeto, la honradez y el amor a esa humanidad que compartimos no tiene recambios  en este nuevo mundo cada vez más fútil con todo lo que signifique cargas morales que lastren el concepto de éxito individual.

Es sintomático en esta “no alternativa de valores” la progresiva desaparición de la Filosofía en nuestras Universidades. Sin embargo tiene su lógica porque ¿para qué gastar dinero en esa búsqueda de la sabiduría si hemos decidido anclarnos en la vulgaridad, en una  filosofía de lo inútil? ¿Para qué entonces extrujarnos el cerebro y malgastar nuestro tiempo en cómo mejorar una ética que nos ayude a desarrollarnos también en lo social y humano y no sólo en lo científico? El liberalismo nos tiende la trampa y nos brinda una sociedad no pensante, facilona y libertina ––que no de libertades––, un estado de engolfamiento consumista donde todo cabe y está permitido bajo las letales luces de su paraíso de neón. El éxito y el enriquecimiento personal lo justifica todo, hasta el robo y el crimen.

En este dramático contexto donde solo prospera y se afianza una humanidad basada en lo que TIENE  y no en lo que ES, difícilmente puede concebirse alguna otra clase de valor universal que proteja y respete la condición humana. Millones de nuestros congéneres mueren de hambre y miseria mientras los campos de África prosperan en el cultivo del biodiesel que enriquecerá aún más a los que ya tienen y les sobra. El estado de necesidad y el abandono siegan la vida de millones de niños, al tiempo que miles de millones de euros y dólares se movilizan con premura para salvar fortunas de banqueros y bancos. Es la ontología del ideario nazi lo que prospera en estos oscuros tiempos, una clase de metafísica que se ampara en una pretendida y criminal selección natural. Basta con  despojar de la condición humana a los que nada tienen para eliminarles, incluso, el derecho a vivir. Si no tienes, no existes. Así de fácil. Por lo demás, no olvidemos la tendencia cada vez mayor a demonizar la pobreza, homologándola en muchos casos con la delincuencia.

Al paso que vamos, nos resultará demasiado tarde descubrir  que lo único que pretende el “pensamiento único” es igualarnos a todos por abajo, desde la penuria, y si me apuran, desde la esclavitud. Lo estamos viendo en esta probeta experimental a la que está siendo sometida Europa, precisamente la región más avanzada del mundo en derechos y libertades. En este sentido tengo la enorme sospecha de que esta crisis no es más que un criminal experimento basado en el miedo, un desaforado “desiderátum” de los poderosos de la tierra que nos dicta el regreso a las catacumbas bajo una égira de terror. No hay dinero para nada ni para nadie, nos dicen, pero los miles de millones florecen como por encanto cuando se trata de llenar determinados bolsillos. ¿De qué otra manera se podría explicar esto?

Lo peor es que este feroz experimento involutivo les está funcionando sin apenas resistencia. Para los crédulos y predicadores interesados, esta situación será pasajera y en el futuro recuperaremos todo lo perdido, pero estoy seguro que no será así. Se terminó el ciclo de bondades de este sistema y nada de lo perdido lograremos recuperar. Se nos abre un dramático horizonte donde el capitalismo con el peor y más salvaje de sus rostros campeará como amo y señor del cielo y del infierno. De un cielo reservado para unos pocos cada vez más pocos, y un infierno para una humanidad que está dejando de ser humanidad.

j.m.boix