Acoso policial a los débiles.

“Han llegado a la catedral de La Almudena para la misa de las 19.00 y no se han vuelto a levantar de los bancos. Unas 25 personas —14 afectados por la hipoteca en distintas fase del desahucio acompañados por una decena de activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y el 15-M— han aguardado durante cerca de una hora, hasta que el bedel ha anunciado por megafonía “son más de las 20.00, La Almudena está cerrada, por favor abandonen la catedral”. Pero no se han levantado.

 Tras dos horas de espera en que la penumbra ha ido apoderándose del interior de la catedral, cinco agentes antidisturbios han entrado en La Almudena acompañados de un párroco encargado de mediar con los encerrados, que han desplegado pancartas contra los desahucios a los pies del altar. Murgui, Tatyana Roevo y Aída Quinotoa, portavoces de la PAH, han hablado en nombre de los encerrados, así como Eubilio Rodríguez (“todos me llaman Billy, hasta Rouco”), cura en la parroquia de San Fermín, en La Cañada Real. “Si aceptamos que se encierren hoy, mañana tenemos aquí a miles de personas”, argumentaba el mediador eclesiástico, que se ha entregado en la tarea. “Y ¿por qué íbamos a permitírselo a unos sí y a otros no? Hace 20 años se entendía, pero ahora ya habéis logrado la foto, el fogonazo, ya tenéis lo que queréis”, les decía.

A las 22.30 los antidisturbios han dado instrucciones claras a los encerrados: “O salís por vuestro propio pie después de que os identifiquemos a todos u os detenemos. Pensadlo rápido que esto no es un debate”, ha dicho el mando. Finalmente, todos los encerrados han salido voluntariamente, excepto el cura de La Cañada, a quien han sacado a empujones. Todos los encerrados han sido identificados, así como varias de las personas que les esperaban fuera de la catedral, donde el despliegue policial impresionaba: 20 lecheras policiales aguardaban a los 25 encerrados.”

Esta noticia publicada por el País produce no sólo estupor por las cotas de represión de este gobierno, sino que también rabia; mucha rabia e impotencia. Veinte lecheras policiales cargadas de represión hasta las trancas aterrorizan a veinticinco personas normales que protestan por los deshaucios. La inhumanidad de la Policía se hace patente a la hora de dirigirse a estos ciudadanos sumidos en la pobreza y desamparo. Al tiempo, los Bancos que les quitan sus casas son los mismos que todos estamos Rescatando.

Esto no es una democracia, es un régimen tan inmoral como criminal.