Este rostro apacible y bondadoso esconde a un temible torturador.

El inspector Manzanas fue uno de los múltiples torturadores del régimen que instauraron el terror en las comisarías españolas durante el franquismo. Miles de españoles sufrieron durante 40 años estas técnicas, algunos incluso hasta perder la vida. Enviar a casa a morir a un moribundo tras una paliza para que no figurase como “muerto en comisaría” o detenidos que se lanzaban desde la ventana “para intentar huir” eran las excusas que utilizaba el régimen para silenciar su exterminio político.
Militar y funcionario de policía. Nació en Donostia-San Sebastián en 1909 donde estudió Peritaje Mercantil. En 1936 permanece oculto en su domicilio con motivo de la guerra, a causa de su significación derechista. En Agosto de este año es detenido y conducido al fuerte de Guadalupe, donde permanece hasta la toma de la fortaleza por los nacionales que le ponen en libertad. Organizó la Juventud del partido derechista e impulsor del golpe “Acción Popular”; ingresó en el Regimiento de Artillería n.° 3 de San Sebastián. En 1938 se había incorporado al frente con las “Flechas Verdes” hasta el fin de la guerra.
El gobierno del Partido Popular condecoró a Manzanas el 19 de Enero de 2001, por su condición de “victíma de ETA” un hecho escandaloso, según Amnistía Internacional, por premiar al “responsable de la tortura de centenares de vascos durante el régimen franquista”, la misma organización se refiere a él como “un conocido colaborador de la GESTAPO que durante la Ocupación Nazi ayudó a detener a judíos que trataban de huir a través de la frontera del sur de Francia”.

HABLAN LAS VÍCTIMAS DE MELITÓN MANZANAS.

María Antonia Iglesias 28 ENE 2001 en el País.

La primera Medalla de Oro al Mérito Civil, que ha concedido el Gobierno a una víctima del terrorismo de ETA, ha recaído en alguien verdaderamente singular, alguien cuyo solo nombre ha logrado revolver la memoria de nuestro pasado más oscuro: el policía torturador Melitón Manzanas.

‘RECUERDO AL POBRE JOSÉ RAMÓN REKALDE DESFIGURADO POR LAS MAGULLADURAS, CON LA CAMISA ROTA’

Los demócratas vascos, tan golpeados por el terrorismo de hoy, apenas salen de su asombro del reconocimiento de los méritos de Melitón Manzanas, personaje de acreditada biografía como policía torturador durante la dictadura. Sindicalistas, nacionalistas, miembros del PSOE y del PCE, pasaron por las implacables manos de Melitón Manzanas y soportaron sus temidos interrogatorios en las comisarías de Irún y San Sebastián. La despertada memoria de aquellos años de plomo determina a algunas de sus víctimas a recuperar, en primera persona, las sensaciones del dolor y la humillación a las que fueron sometidos. Otros prefieren ocultarse, ¡todavía! detrás de un velo de silencio, de pudor y dignidad.

La polémica medalla al Mérito Civil concedida al policía Manzanas viene a cerrar el círculo imposible de la biografía honorífica de este siniestro personaje. Porque su terrible eficacia policial está acreditada por un total de 50 felicitaciones públicas, otorgadas por el régimen franquista junto con otra singular condecoración: la Cruz del Mérito Policial, con distintivo rojo que la dictadura le concedió en 1964. Para entonces Melitón Manzanas dirigía la represión en Euskadi como jefe de la Brigada Político Social de San Sebastián.

Había iniciado su carrera en el Cuerpo General de Policía de Irún, en 1938, donde instaló uno de sus temidos centros de interrogatorios y desde donde colaboraría, activamente, con los nazis durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Manzanas simultaneaba su trabajo policial con negocios poco claros que le supusieron la apertura de un expediente disciplinario. Dicho expediente se cerró, oportunamente, a raíz de su ascenso y traslado a San Sebastián, donde sería el brazo derecho del gobernador civil Valencia Ramón. Los policías Félix Ábalos, Antonio Murga, Eloy Palomo, Jesús Ortega, Pérez Abril y Sierra Gabalzón formaban su equipo, se encargaban de interrogar a los detenidos antes de que pasaran por las manos de Manzanas. Una vez terminado el trabajo los policías frecuentaban, junto a su jefe, el Bar Regio de San Sebastián. Enfundado en su gabardina blanca, calada una boina negra que enmarcaba su cara redonda, Manzanas chiquiteaba también en algunos bares de la parte Vieja: ‘Alardeaba, en voz alta, de las redadas y hazañas que llevaba a cabo y algunos nos pudimos poner a salvo escuchando de su propia boca los planes que preparaba’ asegura un veterano militante comunista que prefiere mantener, aún hoy, su anonimato.

Lenchu, la hija del fallecido presidente del PSOE, Ramón Rubial, recuerda las palabras que salieron de la boca de su padre el día que ETA asesinó a Melitón Manzanas: ‘Ese era un torturador, mala gente… Lo dijo en voz baja, pero muy clara, porque mi padre era una persona a la que no le gustaba recordar los sufrimientos del pasado’. A finales de 1944, fracasó el intento de fuga de Ramón Rubial en un campo de trabajo instalado en la Babcock & Wilcox cerca de Oyarzun, en las peñas de Aya. Melitón Manzanas se encargó de conducir al dirigente socialista hasta San Sebastián. Según Lenchu, su padre le contó que ya en sus dependencias de la Brigada Político-Social, Manzanas le torturó reiteradamente. ‘Mi padre nunca quiso contarnos a la familia lo que le hizo Manzanas, que le interrogó personalmente, pero sé que sufrió mucho’.

Otras voces surgen desde el silencio que ahora se rompe. Una, bien precisa, es la de Jokin Itza, veterano militante del PNV, que coincidió en la cárcel de Ondarreta con algunas personas de diversas organizaciones que pasaron por las manos del policía. ‘A Timoteo Plaza, un militante comunista de Elizondo, le dieron una paliza tremenda. A otro de Elgoibar, Amanci Conde, que participó en la huelga del 47, casi le matan de las palizas que le dieron. Y recuerdo muy bien a Juan Aguirre, de Erandio, que cuando salió de la checa de Melitón Manzanas pesaba treinta kilos menos que cuando entró, y… Mi compañero Juancho Aguirre se estremecía contándome cómo Manzanas torturó al jefe de los anarquistas vascos, Auspicio Ruiz’. El viejo militante nacionalista asegura que el policía ahora condecorado torturó incluso a mujeres y da nombres y apellidos: ‘María y Carmen Villar, de Vergara, y la madre de Miren Askarate, miembro de la Academia de la Lengua Vasca…’

En 1956 cae en las manos de Manzanas alguien insospechado para quienes sólo han relacionado al detenido con el mundo de la literatura: el escritor Luis Martín Santos, consagrado por su novela Tiempo de silencio. Cayó porque era el responsable del PSOE en Guipúzcoa y uno de los que trabajaban en la reconstrucción del partido en el interior del país. Su hermano Leandro recuerda como el padre de ambos, general de Sanidad en el frente del Ebro, se presentó en la Dirección General de Seguridad, con el uniforme de general y todas sus medallas, para pedir la libertad de su hijo Luis sin lograr nada… Pero es en la segunda detención, en San Sebastián, cuando Luis Martín Santos es interrogado personalmente, por Melitón Manzanas… Su hermano Leandro asegura que Luis nunca le habló de torturas y hace una afirmación sorprendente: ‘De torturas nada de nada; además Melitón Manzanas era un simple policía de fronteras y todo lo que se está haciendo ahora contra él es un montaje’… Sin embargo, el doctor Luis Galuf, amigo personal de Luis Martín Santos establece una versión bien diferente: ‘A Martín Santos lo detuvo Manzanas, pero Luis consiguió escapar de la comisaría y pudo ir a su casa, para esconder la máquina de escribir y sus papeles en el transformador de los aparatos de rayos X de su padre. A mí me contó luego como fue la primera parte de su interrogatorio y me dijo que Manzanas le había torturado; pero nunca me quiso decir lo que le habían hecho.’

Versiones mucho más contradictorias aparecen en la periferia de luchador antifranquista de Enrique Múgica. El entonces militante del PCE y hoy Defensor del Pueblo, niega de forma tajante y escueta cualquier relación con Melitón Manzanas y mucho menos las torturas a las que, según algunos testimonios de la época, fue sometido: ‘Nunca le conocí, nunca me detuvo, nunca me torturó’, asegura Múgica. Sin embargo, son varias las versiones de militantes del PCE que consideran ‘realmente imposible’ que Múgica no conociera a Melitón Manzanas y atestiguan haber estado junto a Múgica ‘a la misma hora y en el mismo bar en el que Manzanas acudía para espiarnos’. Teo Uriarte, en su día miembro de la Bitziar-Tipía que decidió el atentado contra Melitón Manzanas, sonríe: ‘¡Es imposible, imposible que Múgica no conociera a Melitón Manzanas!’

En la caída del PCE, a principios de 1960, José Luis López de Lacalle, el periodista recientemente asesinado por ETA, dio con sus huesos en la cárcel de Martutene. Antes había pasado por la checa de Manzanas. Quienes le pudieron visitar después comprobaron que tenía los pies en carne viva, que le había interrogado aplicándole cigarrillos, descargas eléctricas… Xavier Apaolaza, militante del PNV no olvidará jamás los tres días que pasó soportando las torturas que le aplicaba Manzanas: ‘Fue muy duro lo que nos hicieron en aquella comisaría de San Sebastián. Nos golpearon brutalmente y luego Manzanas me colocó un bolígrafo entre los dedos de una mano y comenzó a apretarme las uñas haciendo girar el bolígrafo… Sentí un dolor insoportable’…

Ildefonso Poncho, Aguirre, miembro de la escisión del PNV hacia EGUI (embrión de lo que sería más tarde la primera ETA) recuerda con precisión sorprendente sus dos caídas en manos de Manzanas. Y eso a pesar de que entonces tenía 31 años, hoy 70. ‘Recuerdo con horror, aquellos interrogatorios de Manzanas por las tardes, cuando empezaban los golpes, las patadas salvajes, los insultos soeces… La segunda vez que caí me obligaron a desnudarme, me ataron de pies y manos, me arrodillaron sobre un montón de gravilla, me presionaban los pies, me daban tortazos tremendos. Manzanas me decía que la hija que esperaba mi mujer no era mía, que era de Julen Madariaga, porque un día le habían visto salir de casa. Me impedían dormir y Manzanas me pegó con una porra de goma porque no le entendí lo que le preguntaba. Una vez que se me cayeron los calzoncillos, mientras estaba atado de rodillas sobre la gravilla, Manzanas y todos se reían de mis genitales’. Poncho Iriarte recuerda, vivísimamente, el aspecto lamentable que tenían los rubios, ‘porque los rubios enseguida se amoratan con los golpes, y recuerdo al pobre de Jose Ramón Rekalde desfigurado por las magulladuras, con la camisa rota y destrozada, y al pobre de Julen Madariaga con las gafas rotas, que no veía nada porque era miope, y a Rafa Albizu, y vi a muchos jóvenes torturados, porque Manzanas se ensañaba sobre todo con los trabajadores’.

María Jesús tenía 20 años y era militante del PCE cuando conoció al policía torturador: ‘El personalmente me pegó de forma brutal en los interrogatorios. Me llamaba la puta del Partido, era un hombre sádico y cruel, era una auténtica fiera’. Chus no se olvida de que cuando la trasladaron a la cárcel de Ventas enseguida fue a visitarla su abogado, José Ramón Rekalde, este socialista luchador y veterano que hace poco estuvo a punto de perder la vida a manos de ETA.. Chus Muñoz, como todos los supervivientes del policía torturador, está estupefacta ante la decisión del Gobierno de condecorar a Manzanas: ‘Esos partidos que han aprobado esa ley y el Gobierno que ha decidido aplicarla, deberían de haber evitado esa afrenta, por respeto a nuestra dignidad y a la democracia’.

EL COMISARIO CONESA

EL SUPERCOMISARIO.

Roberto Conesa ingresó en el Cuerpo General de Policía en 1939 y tras varios ascensos fue nombrado jefe de la Brigada Político-Social hasta que ésta fue disuelta en 1976. En esa etapa trabajó como infiltrado en diversas organizaciones de la oposición política (CC.OO. y PCE) y fue especialista en la captación de confidentes. Se hizo conocido entre los sectores clandestinos de izquierdas por sus brutales métodos de interrogatorio y tortura. Algunos personajes destacados que recuerdan haber pasado por sus manos son el sindicalista Marcelino Camacho[2] y el escritor Fernando Sánchez Dragó. También parece haber estado implicado en la detención de las llamadas “las Trece Rosas” y en el asesinato-montaje policial del Caso Scala contra la CNT en los primeros años de la incipiente democracia.
Tras la disolución de la Brigada Político-Social fue destinado a la Comisaría general de información de 1975 a 1979, permaneciendo en Valencia durante un año, siendo llamado de urgencia por el ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, para resolver los secuestros de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado, y el teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo de Justicia Militar. Tras su liberación, el 11 de febrero de ese año, Roberto Conesa recibió la medalla de oro al mérito policial y comenzó a ser llamado el supercomisario.
A su entierro, ocurrido en plena huelga general en España, no acudió ningún representante del Gobierno español.


COMISARIO JOSÉ MATUTE FERNÁNDEZ

Asesinato del militante comunista Antonio González Ramos.

ANTONIO GONZALEZ RAMOS

El 29 de octubre de 1975 moría torturado en los sótanos del edificio del Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife, de la calle Méndez Núñez (hoy Subdelegación del Gobierno), y luego arrojado desde un coche en marcha el militante comunista Antonio González Ramos, asesinado a golpes, entre otros, por el comisario de policía español José Matute Fernández.

Antonio González era un campesino tinerfeño emigrante a la Alemania en los años 60. Enlos círculos de la emigración española conectó con el Partido Comunista, donde comenzó a militar. De vuelta a Tenerife, entró a trabajar en la fábrica de tabacos Philip Morris, de la que fue despedido por reclamar mejores condiciones de trabajo. También realizaba una importante actividad vecinal en La Laguna.

Era militante del partido Oposición de Izquierda (OPI). La Brigada Político-Social le detiene por “propaganda ilegal” y le tortura hasta matarlo, dejando viuda y cuatro huérfanos.

Matute y sus secuaces intentaron hacer ver que el camarada Antonio González murió porque se tiró del coche policial en marcha mientras era trasladado. La justicia española hizo la vista gorda mientras Matute huía a Venezuela, de donde regresó en 1977 amparándose en una sentencia de la Sala de los Penal de la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife que le concedía la amnistía total, reincorporándose a su tareas de policía en la Dirección General de Seguridad en Madrid.

Posteriormente, el gobierno del PSOE ascendió varias veces al asesino.