La hija de papá.

Sólo un mal nacido o un fascista, para el caso es igual, puede alegrarse de la situación de desgracia que está sufriendo en nuestro país aquellos que sobreviven con el mísero sueldo de sus trabajos precarios, aunque la situación se torna dramática para los millones de ciudadanos que han perdido hasta eso. En cierta ocasión dije que los franquistas estaban disfrutando con estas medidas contra las clases trabajadoras y no me equivoqué. Mientras en Italia, la ministra de trabajo y bienestar social, Elsa Fornero, lloraba por los recortes que el gobierno debía de aplicar, en España nuestros políticos del gobierno aplauden con saña revanchista este festival de agresiones como perros sedientos de sangre. En este contexto de inmoralidad fascista que nos oprime y se burla, la hija del mafioso Fabra no puede evitar lo que le sale del alma y grita “¡Que se jodan!”. Esta niñata pija, nacida de los fastos corruptos de su padre, el de los aeropuertos y tantos otros chanchullos y latrocinios, no puede evitar una exuberante alegría a que los parados se les robe parte de la asignación que les pertenece por ley y que se les insulte como Rajoy hizo, justificando la dramática medida para que los “parados se muevan para buscar empleo y no se queden en sus casas”. Oprobio indigno donde los haya de un presidente de gobierno a unas clases trabajadoras que están sufriendo el mayor atropello de su historia. Este gobierno fascista no sólo te expolia si no que también te insulta.

Fabra, el padre de la niña.

Cada vez me queda más claro que esta “crisis” sólo está pensada para los de abajo y sus medidas de recortes, para dejar en calzoncillos a los de siempre. Ya no les importa si en este empeño las clases medias caen también en el abismo. Es una guerra total y definitiva lo que nos alumbra. Ese “que se jodan” es el grito que desenmascara de una vez por todas la cruda realidad de lo que sucede en nuestro país. Es el grito de una hija de su padre que quisiera vernos a todos muertos de hambre como el resto del fascio que aplaude nuestras desgracias en el hemiciclo.

j.m.boix