Tantas cosas te matan.

Desde luego, Santiago Carrillo hace polvo la campaña de las autoridades sanitarias con la historia esa de que el tabaco perjudica, mata y todas esas monsergas tremebundas que a través de la publicidad en los paquetes, nos aterrorizan. ¿Por qué no son más democráticos y ponen de cuando en cuando la fotografía de Carrillo para darnos a los fumadores algún hálito de esperanza? Noventa y siete años y el condenao fumando si tiene que fumar.

Por lo demás, ya que se preocupan tanto por nuestra salud,  las autoridades podían ampliar su monográfica y aburrida campaña contra el tabaco y advertirnos también de otros insanos peligros que pueden llevarnos a la muerte. El disgustazo de que te echen de tu casa a más de uno le ha ocasionado un magnífico síncope o un suicidio. El estrés que te produce la prima de riesgo, que te puede dejar sin trabajo tampoco es moco de pavo para un excelente infarto de miocardio o un ictus de esos. O el que lo hayas perdido todo y navegues en la ruina de tu casa con unos hijos a los que no sabes si podrás darles de comer, pues que venga Dios y lo vea si con el desespero no te da un telele de esos que te llevan al otro barrio en un santiamén. También, y sin mucho apurar en la gama de peligros que nos acecha, consideremos también que estamos a pique de que algún descerebrado de esos que salen a apalear a todo bicho viviente, te de un mal cachiporrazo que te deje en el sitio.  Por tanto, y considerando tantos y tan variados considerandos mortales a los que nos enfrentamos, me parece un acto de hipocresía mayúsculo esa fijación del Estado con el tabaco. Es tan extraño que pienso que debe haber algo detrás de ese interés. Algo tan oscuro como cuando montaron aquella campaña en la que demonizaban el aceite de oliva en favor del aceite de soja. Entonces nos decían que el primero era malo para el colesterol y que el de soja era más conveniente para la salud. Total, ahora sabemos que fue una campaña orquestada para enriquecer a los que habían apostado por trapichear con el negocio de las  importanciones de soja de EEUU, y que el aceite de oliva ha sido siempre como lo es hoy lo mejor de nuestra dieta mediterránea. Sin embargo, más de un glilipollas creyó por entonces lo que le decía la televisión.

En fin, la realidad es que fumemos o no, seguimos muriendo de cáncer, de infartos y demás enfermedades horribilis,  y date por seguro que porque no le des al pitillo te vas a librar si genéticamente eres propenso a tan dramáticos finales. El tabaco quizás te pueda ayudar a terminar algo antes con tu vida, pero poco más. Que nadie piense que estoy haciendo propaganda para que fumes o dejes de hacerlo, sólo intento desdramatizar esta sospechosa e incomprensible campaña contra este placentero vicio.

Lo dicho: a vivir, porque fumes o no fumes, la vida son cuatro dias con recortes al alza. Y si la vives dando vara a esta gentuza que nos gobierna, pues mucho mejor. Será señal que no has enfermado de los cojones, que ya es cosa importante.

Posdata: escribiendo este bodrio, me he tirado al coleto casi una litrona de cerveza y me he fumado unos cuantos pitillos más a gusto que Dios. Hace un calor que hiede. Feliz verano.

j.m.boix