A pesar que en este país el neoliberalismo intenta confundir al personal metiendo en un mismo saco  comunismo, fascismo, anarquismo, independentismo etc. etc., la realidad es muy distinta. Fascismo es la dictadura, el control, el dominio, la imposición o como queramos llamarlo del capital por la fuerza. Se puede hacer bajo “manu militari” y con las consiguientes carnicerias que todos conocemos o con la manipulación descarada de la democracia hasta grados asfixiantes, que es lo que hoy día estamos padeciendo. Sólo el capitalismo es capaz de robar con total impunidad como lo está haciendo en España. Nuestro código penal sigue siendo el franquista y, por tanto, no está pensado para perseguir a delincuentes capitalistas si no a trabajadores, enemigos del sistema y, en definitiva, a todo ciudadano de a pie que suponga un peligro para la propiedad privada, inviolable santón del sistema.

De esta manera no me ha sorprendido en absoluto el enfurecimiento de esas prolijas tertulias fascistas que dominan los ámbitos de la nueva televisión, que como perros babeantes y enfurecidos han puesto el grito en el cielo contra unos trabajadores que han tenido la osadía de llevar a cabo un acto que señaliza y enciende las alarmas de la situación de indignante pobreza que sufre el país. Esos carros de comida que han “robado” en ninguno de los casos han superado los dos mil euros, y se lo han llevado sin pagar porque las familias destinatarias de tan “execrable pillaje” no tienen dinero. Pero aquí y en una Europa que deriva hacia la dictadura fascista de banqueros y especuladores, algo así no se puede consentir de ninguna de las maneras porque, y como diría el ministro de Gobernación, “esto sería la ley de la selva”. El ministro obvia de manera vergonzante que la selva ya tiene dueño, y que su ley es la que imponen los banqueros y especuladores, unos predadores a los que el gobierno facilita, graciosamente, las víctimas propiciatorias, en este caso a todos los ciudadanos de a pie, que habitamos este país. Para estos tertulianos y en general para toda la servidumbre del poder al servicio de este fascismo que engorda sus carteras al final de mes, los obreros debían haber acudido a las organizaciones de caridad antes que al “robo”. Personalmente me parece mucho más digno y procedente ese asalto a los supermercados que ir a pedir limosna a la caridad.

Jornaleros con dignidad,

Lo que queda claro es que lo perros guardianes de la gran proiedad privada están asustados por la insolencia obrera, y gritan maldicientes pidiendo que caiga la “justicia” sobre ellos. Yo me pregunto: cuántos carros de comida nos roban los banqueros y demás delincuentes que hoy nos gobiernan? ¿Acaso los jornaleros no podrían alegar que compran con el dinero que le están robando?

j.m.boix