El país heleno ha pedido encarecidamente más tiempo para pagar su deuda, pero la teutona y su gabacho de turno –– en esta ocasión el deseado Hollande, que ya se ha sumado al negocio especulativo––   le han amenazado a que cumpla las fechas establecidas. Posiblemente el gobierno griego tenga que dejar de pagar las pensiones para ser puntual con los usureros prestamistas. La tragedia griega retorna así con unos tintes que sobrepasan la dramaturgia de los peores escenarios dionisíacos. La miseria, la humillación y el abandono convierten a los ciudadanos de este pueblo en los nuevos apestados de una Europa infame de la que hace tiempo abomino.

Mirando a Grecia sabemos lo que nos toca a corto plazo si este pueblo nuestro no lo remedia, porque estamos en el peor de los momentos para sucumbir ante un rescate, posiblemente, tan salvaje o peor que el impuesto a nuestros amigos griegos. Con un gobierno que incumple su programa electoral y se pone al servicio de los banqueros, unas Cortes de convidados de piedra y una Constitución donde prima el lucro de los prestamistas por encima de los derechos ciudadanos, ¿qué se puede esperar? Esta es una irrefutable realidad más allá de lo que digan las cucarachas de salón, que para su provecho y el de sus amos, sosiegan y nos hacen ignorar las alarmas que nos llevan al infierno.

Ciertamente el próximo 25-S supone una apuesta tan necesaria como decisiva en la que no cabe medianías ni tampoco el “sí, pero”. No podemos pasarnos la vida mareando una perdiz que al final se nos escapa entre tanta diatriba y paroxismo asambleario como ha sucedido con el 15-M y demás movimientos ciudadanos, en los que entre infiltrados, doctrinarios y oportunistas quemaron grandes ilusiones y esperanzas. Es indecente como algunos de estos individuos, que se proclaman al día de hoy “portavoces” de estos moribundos movimientos populares ––no se sabe por quién elegidos, al menos este que escribe ––, se han apresurado a desvincularse de esta Plataforma. Son los mismos oscuros y abyectos voceros, que en su momento estuvieron contra la huelga del metro de Madrid y que, al parecer, llegaron a actuar de chivatos de la policía si damos credibilidad a las noticias del diario El País de aquellas fechas. Los mismos que hoy intoxican sobre la ocupación del Congreso, aludiendo a que eso no son formas, o se alinean con el PSOE en la denuncia de que 25-S supone “un golpe de Estado”. Habría que decirles que El golpe de Estado ya se ha producido.

La extrema derecha, sin duda, se está movilizando y aprovecha la actual situación en su provecho, aunque esto no es algo nuevo. La delegada del gobierno en Madrid, Cifuentes ha dicho que el 25-S está controlado por grupos de la extrema izquierda y la extrema derecha. Sin embargo entiendo que el 25-S es un acontecimiento que supera los cotos partidistas de unos y otros. El 25-S es una rebelión popular tan trascendente y heterogénea como necesaria y legítima en los objetivos que persigue. No es de ninguna de las maneras la alocada acción de grupos maximalistas ––como algunos denuncian –– que buscan en la utopía o al río revuelto. Porque no hay nada de utópico en exigir de un Congreso que, efectivamente, actúe como cámara representativa de los intereses ciudadanos, ni tampoco en rechazar una Constitución que se ha violentado, descaradamente, para favorecer los intereses de la dictadura económica que hoy nos oprime.

También se han publicado algunos comentarios y artículos a raíz de la puesta en marcha de esta Plataforma, que expresan temores sobre la fiabilidad de una movida que aglutina el descontento general pero donde la conciención del ciudadano sobre la realidad es tan heterogénea como deficiente. Tanto, que en ocasiones, no llega más allá del dolor que le produce los estacazos del gobierno en su lomo. Me pregunto si los funcionarios y sus sindicatos se hubieran echado a la calle como lo están haciendo si no les hubiesen tocado la pela. La respuesta, al menos para mi, conlleva una gran duda. El país entero está en pie de guerra  porque el gobierno está disparando indiscriminadamente contra todos. Si no fuera así, si no se estuviera bajo esta granizada de agresiones que angostan la capacidad de vivir y respirar, creo que a muy pocos les preocuparía si se pierde o no soberanía y democracia, ni tampoco que les gobierne Merkel desde la torre de Frankfurt. La alienación social que produce este neoliberalismo no es ningún secreto. Está ahí, bien presente. ¿Debe impedir tal cosa la movilización? Rotundamente NO.

El fascismo, reconvertido durante cuarenta años en una determinada forma de pensar, ha dejado graves secuelas a esta sociedad. Basta rascar un poco en el tejido social para darse de bruces con un guardia civil pertrechado con sus conceptos inalienables de ley y orden. Sobre todo, entre aquellos que aseguran ser “apolíticos” pero que prefieren cualquier tipo de injusticia al desorden. De esta manera resulta imposible cribar, como algunos pretenden, el magma ideológico de este descontento general que se mueve más por acontecimientos primarios que por sesudo convencimiento de cambiar el marco institucional que padecemos. Quedarse sin trabajo o que te desahucien son motivos suficientes para estar en Madrid más allá de la concienciación de la realidad que se tenga. Pero también es cierto que el que se moviliza tiene claro que no hay otra manera de arreglar la situación y esto ya es mucho. Tampoco la Plataforma está en condiciones ni debe intentar cribar ni mucho menos depurar esa pluralidad de “estados de conciencia”, aunque sí desenmascarar sin escrúpulo democrático alguno, al infiltrado de extrema derecha. Ya hemos tenido demasíados 18 de julio. Por otro lado hay publicitado un Manifiesto que no da lugar a equívocos en la necesaria radicalidad de sus objetivos. Sus puntos son claros, concisos y fáciles de entender. En ellos se advierte que no hay propósito de remendar ni parchear la actual situación ––como quisieran los amantes del buen rollito ––, si no cambiarla. Ya se verá el cómo y de que manera llevarlos a la practica.

Negarnos a una movilización por los fantasmas que la acechan es sucumbir ante un imponderable que nos llevará directos a la resignación como, según parece, está sucediendo en Grecia.

Para los que están de acuerdo en el fondo pero no en la forma, en lo que refiere poner sitio, rodear o como se le quiera llamar, al Congreso, que expliquen o propongan alguna otra alternativa efectiva de acabar con esta disparatada situación después de más de dos años de protestas masivas y clamorosos movimientos ciudadanos. ¿Qué es lo que puede hacerse después de haber recorrido nuestras calles y plazas de forma pacífica, denunciando hasta la saciedad a políticos, banqueros y a una democracia corrupta que ni funciona ni nos representa? ¿De qué manera salir de este pútrido marjal cuando el gobierno y el sistema hace oídos sordos y responde con apaleamientos a lo que llama “algaradas callejeras? ¿Qué hacer, entonces? ¿Debemos conformarnos con seguir con los pasacalles, coreando las habituales consignas al uso mientras el gobierno y el Parlamento continúan impávidos con sus agresiones? Cierto que Islandia no necesitó mucho más para que su gobierno, con más dignidad y vergüenza que el nuestro, dimitiera, y se pusiera en marcha su revolución pacífica. Pero nuestra democracia no es la de Islandia. Allí no tuvieron cuarenta años de dictadura fascista. Tampoco su democracia nació de una corrupta Transición tutelada por una monarquía garante de un régimen que aún se considera victorioso. También estos son factores a tener en cuenta a la hora de explicar la traición de esa izquierda institucional que tenemos, que denuncia golpes de Estado, y que en su día se vendió al régimen por un plato de lentejas. Sinceramente creo que la determinación de esta Plataforma apunta al corazón del problema, y en esto debíamos estar de acuerdo todos o casi.

En este país no se podrá cambiar nada si no se consigue una democracia plena. Ya no es admisible, y menos en las gravísimas circunstancias actuales, una democracia maniatada por cargas del pasado.

No hay indefinición en esta propuesta de rebelión popular, más bien una determinación clara de actuar directamente y sin mayores rodeos en el horizonte de sucesos de esta singularidad que estamos padeciendo. Es pasar del  sufrido “quejío” a la exigencia severa de un pueblo “ad portas” de su Cámara de Representantes; de una ciudadanía que ya no admite más chalaneo y agresiones de su clase política.

Ciertamente que en 24 horas no se va a conseguir “la toma de la Bastilla”  pero sí poner la primera pica de un proceso que tendría que ser irreversible si tenemos capacidad para ello. Sobre este asunto, no sé si se ha previsto en la organizativa dejar retenes junto al Congreso, que se vayan renovando, y con el avituallamiento necesario. Porque es necesario mantener vivo el propósito de esta movilización civil a la vez que se afianza y profundiza el proceso. Entre las diferentes propuestas al respecto –– ver http://plataformaenpie.wordpress.com/2012/08/02/encuentro-intergrupos/ ––, hay quienes proponen entre otras cosas crear  “un Manifiesto en Común con el mayor consenso y número de firmas posibles para  realizar los trámites pertinentes y que se presente la propuesta para que se vote en el congreso. Paralelamente, seguir con la convocatoria de manifestación con el manifiesto aprobado y votado por nosotros y cuando se les presente a sus señorías, que sepan que somos nosotros los de la propuesta, que estamos movilizándonos y que no vamos a quedarnos en casa viendo como arruinan el país mientras tienen más privilegios que nosotros y abusan de ello.”  Solo que esto último puede considerarse una paradoja o cotradicción. ¿Cómo puede presentarse a un Congreso que no reconocemos una propuesta para su debate?

Finalmente, para aquellos que tienen reservas sobre la legitimidad de esta Plataforma, me remito a las palabras del diputado Gaspar Llamazares, el único que se ha manifestado a favor en esa comodona Izquierda Plural, cuando en EuropaPress expone: ” la convocatoria, que ha sido duramente criticada tanto por el presidente del Congreso, Jesús Posada, como por algunos diputados como el socialista Pepe Martínez Olmos, “forma parte de la dinámica social” y “es lógica en una sociedad democrática”, además de ser una medida de presión ciudadana “absolutamente legítima”. En este sentido, ha calificado de excesivas la afirmaciones realizadas por Martínez Olmos, quien equiparó la acción programada para el 25 de septiembre con un golpe de Estado. “Los golpes de Estado los han dado en este país las propias Instituciones, como el Ejército, desde dentro, y no los han dado los ciudadanos en movilizaciones populares”, ha defendido.

Antes de concluir he de manifestar mis propios temores, en esta ocasión sobre la premura de la Convocatoria. Creo que es muy precipitada ya que se planteó si no me equivoco a principios de este mes,  y todos sabemos lo inhábil que resulta agosto para todo. Por lo que sólo se dispone de, apenas, 25 días por delante para gestionar y promocionar tan importante movilización.  Ver la posibilidad de fletar autobuses, visitar Asociaciones, publicitar la convocatoria mediante cuartillas informativas que se repartan por pueblos y ciudades etc.  En fin, mucho que atender y organizar. De esta manera creo que hubiera sido mejor para el éxito de la convocatoria haberla emplazado para al 25 de octubre, por ejemplo. Es mi opinión.

Para concluir me adhiero a las conclusiones de ese artículo publicado en kaosenlared cuando dice:

“A pesar de que las voces disconformes son inevitables, es difícil encontrar una declaración de intenciones tan clara, radical -en el sentido de ir a la raíz del problema- y aglutinadora -en cuanto a sensibilidades políticas y sociales- como la convocatoria del día 25 de Septiembre. Su difusión es ya imparable en internet, y es de esperar que el tema salte más pronto que tarde a los medios de gran difusión. Es insostenible que se mantenga la censura. También es de esperar que estos jueguen sucio e intenten desvirtuar el mensaje profundamente democrático del manifiesto, dividir y enfrentar y, en definitiva, desmovilizar a través de la intervención policial, el miedo y los métodos a los que nos tienen tan tristemente acostumbrados. No caigamos en su juego. La convocatoria debe ahora fluir de internet a la calle a través del boca a boca.”

j.m.boix