A muchos ha sorprendido el mensaje de la Casa Real, sin duda relacionado con la Diada en Barcelona, celebrada masivamente con una cifra de manifestantes que ha rebasado ampliamente la de otros años. En esta ocasión la temida palabra “independencia” ha resonado con mayor fuerza que nunca, y lo que es peor: el gobierno de CIU la hecho suya para negociar desde una plataforma de fuerza sus pretensiones sobre el tan traido y llevado “concierto económico”. O hay concierto o independencia, ha dicho sin tapujos. En esta ocasión la gravedad infiere en que sea  CIU ––el partido de la burguesía catalana––  quien enarbole con tanta claridad este jaque al gobierno y al actual Estado de las Autonomías. Se lo han tomado tan en serio que el propio PSC ya está hablando de una España federal, quizás para intentar remediar males mayores.

Tal situación no puede llegar en peor momento, en una España a la deriva incapaz de controlar la grave situación creada a partir de la cesión de soberanía a una Europa descompuesta y a merced de los especuladores. Rajoy ha echado mano de la socorrida Constitución contra los males secionistas de la díscola autonomía. Sin embargo, quien va a tomarse en serio una Constituación que se ha manipulado en menos de una semana para ponerla al servicio de los prestamistas y especuladores.

Cataluña ha lanzado su órdago, que no se sabe como terminará. Pero es que, además, vienen ahora las elecciones vascas donde los partidos independentistas, PNV y Bildu, van a barrer. ¿Quién les va a impedir entonces que no lo intenten de nuevo como hicieron con el Plan Ibarretxe? Una España convulsa donde la gente se ha echado a la calle frente al desgobierno de un PP incapaz, que no acierta a fijar un timón que de confianza al país, no es el mejor marco para someter con éxito tales desafíos.

La carta del rey en su página web, llamando a la unidad después de la masiva Diada independentista y las declaraciones de Mas, lejos de atemperar la situación lo único que ha conseguido es afirmar el nerviosismo creciente de la Casa Real y de un monarca que se resiste a cederle el trono a su hijo a pesar de que apenas puede andar y tenerse en pie sin tambalearse. Pero no son buenos tiempos para probar suerte con la sucesión, y los motivos están en la mente de todos. Si no se arregla de manera definitiva el organigrama institucional, dando por finalizada la etapa de la Transición y sus servidumbres, vamos a entrar en una espiral muy peligrosa y de imprevisibles consecuencias. Rajoy se ha cerrado en banda ante la pretensión de Más de conseguir una nueva fiscalidad para Cataluña, y se ha escudado en la Constitución para llamar al orden al Presidente catalán y sus amenazas independentistas. Pero los callejones sin salida además de no resolver nada, engordan los problemas. Visiblemente afectado por el portazo de Madrid, el líder de CIU decide poner en marcha su amenaza de nuevas elecciones en Cataluña  con la pretensión de sacar una mayoría absoluta que rompa ataduras con el PP. Su comentario sobre la necesidad de un “proyecto nuevo para Cataluña en el marco de Europa y el euro” da mucho que pensar sobre la deriva nacionalista y por donde pueden ir los tiros.

Por otro lado, las pretensiones de la ultraderecha franquista de abolir las autonomías con la excusa de su alto coste para regresar así a la férrea España centralizada y “unida en lo universal” no deja de ser a estas alturas una preocupante quimera alentada por los gurdianes de la Transisción y la mismísima Monarquía, que tiene severas dudas sobre su futuro. Sin embargo, en la situación que se encuentra el país no da lugar a muchas salidas. Fializar esta innacabable Transición con una República Federal sería lo más sensato para una futura y estable democracia sin ataduras.

j.m.boix