Llevo algún tiempo escuchando que los jerifaltes europeos van a “retocar” el Tratado de Lisboa. Las noticias sobre este asunto hay que cogerlas al vuelo porque nuestros gobernantes no se dignan a explicarnos nada de lo que se está cociendo en Europa con esas idas y venidas de reuniones y comentarios en su mayoría contradictorios además de difusos. En este sentido continúan tomándonos el pelo como con lo del “rescate virtual”, una forma más de contribuir a la confusión, enrevesando la situación con trabalenguas conceptuales imposibles que niegan la mayor. El hecho es mentir y engañar al ignorante plebeyo.  Si se va retocar el Tratado de Lisboa estoy seguro que será para peor y en favor de asentar o institucionalizar de por vida el absolutismo financiero que hoy domina el continente. Porque creo que ese es el transfondo de la cuestión. Europa es hoy como una especie de retorta de Miller donde se experimenta con el perfil de un renovado engendro capitalista que va a por todas y cuyas reglas de hambre y miseria someterán a los pueblos europeos y del resto del mundo. A alguien le puede parecer temeraria una afirmación así, pero juzgo por que estoy viendo. No se puede especular nada bueno en una democracia tercermundista como la nuestra donde al ciudadano ni se le informa ni se le escucha, solo se le apalea. No hay ningún atisbo de respeto , y menos de honradez a la hora de contarle las cosas como son. Sólo mentiras y más mentiras.  Aún recuerdo con repugnancia el celebrado referendo en el que los españoles fuimos los primeros pardillos de la Unión en aprobar con boba alegría esa estafa que nos vendieron como “Constitución Europea”, (en realidad un perverso Tratado con demoníaca letra pequeña cuyas consecuencias estamos padeciendo).

Carlos Talbo en la República escribió:
.“Hace algo así como cuatro años las fuerzas vivas que alimentan la Unión decidieron darle prestancia a un buen puñado de tratados que con el paso del tiempo se habían ultimado, y se inclinaron por acopiarlos de la mano de un texto general que recibió el pomposo, y equívoco, nombre de “Constitución”. Para hacer las cosas más atractivas, no le hicieron ascos a una ceremonia que en varios casos, y con resultados previstos de antemano, asumió la forma de referendos populares. A la operación correspondiente se sumó, no sin patetismo, la gran familia socialista, que —sino de los tiempos— no apreció males mayores al amparo de un texto de marcada impronta neoliberal. Sabido es que la jugada salió mal. Luego de algún espectáculo tan irrelevante como poco edificante —así, un referendo español en el que se alentó con descaro que la ciudadanía respaldase un texto que ignoraba por completo— llegaron los referendos francés y holandés. Curioso resultó que los dos países que acogieron debates serios y abiertos fuesen los únicos en los cuales la ciudadanía se inclinó por rechazar lo que, hablando en propiedad, convenía llamar tratado constitucional de la UE”.

Aquí en España, el referendo tuvo la más escasa participación de la historia democrática de nuestro país con un 42% del censo a pesar de la masiva propaganda del régimen a favor en la que intervino de manera irresponsable los sindicatos mayoritarios, que imagino, tampoco sabían lo que votaban. Sólo Cataluña, Euskadi y Navarra dieron un porcntaje significativo de “noes”, así como Guipuzkoa donde el 47% optó por el no. El referendo fue una victoria ridícula en la que se demostró la precipitación del gobierno de etonces (Zapatero) y la falta de interés del ciudadano sobre un documento del que apenas conocía más allá de la socorrida cantinela de lo que es “bueno para Europa, es bueno para nosotros”. Ahora estamos comprobando los resultados de tamaña ingenuidad, porque el Trstado de Lisboa abrió las puertas a la dramática situación que estamos viviendo.

Anne-Marie Le Pourhiet, profesora francesa de derecho constitucional dijo por entonces:

“Europa es consustancialmente anti-democrática, nos la quieren imponer por la buenas o por las malas. Nosotros [los franceses] no somos el primer pueblo de cuya voluntad se han mofado, los irlandeses y los daneses también se han visto obligados a volver a votar hasta que han dicho sí”.

Europapress escribe el 8 de febrero de 2008:

Francia dice ‘sí’ al Tratado de Lisboa tres años después de haber rechazado la Constitución”, – decía Europa Press el 8 de febrero de 2008. “El Parlamento francés ratificó anoche el nuevo tratado europeo de Lisboa casi tres años después del rechazo francés en referéndum de la malograda Constitución europea, un hecho que junto al ‘no’ holandés hundió a la Unión Europea en una profunda crisis institucional”.

Lo que este artículo no dice, es que la aprobación se hizo sin consultar de nuevo a los ciudadanos. Es decir, a espaldas de estos y a la fuerza.

“La única vez que nos preguntaron nuestra opinión, en 2005, la primera vez que nos quitaron la mordaza, gritamos «¡No!» Enseguida, nos pusieron otra vez la mordaza y empezó de nuevo la violación. Nos dijeron: «Ustedes no quieren, pero se hará de todas formas, por vía parlamentaria…». (…) En 2007 se confirmó, por tanto, lo que ya se había visto en 2005: el método y el contenido del Tratado de Lisboa confirman que tenemos al mando a una pandilla de violadores y lo que está sucediendo es un golpe de Estado. Se trata de un abuso de fuerza. La definición de golpe de Estado es cuando un poder ejecutivo no respeta el sufragio universal. Eso es lo que está pasando”. (Anne Marie)

Etienne Chouard describíría por entonces lo que hoy va siendo un hecho:

“Resulta impresionante ver el número de instituciones europeas no electas que disponen de un poder importante y mal controlado. El Banco Central Europeo tampoco le rinde cuentas a nadie. … Incluso esas instituciones han sido concebidas más en interés de los bancos y las multinacionales que en interés general”.

O, lo que es lo mismo, “impide a los Estados  pedir dinero a sus Bancos Centrales (crear su propio dinero o pedirlo prestado a bajo interés), debiendo recurrir a préstamos de los bancos PRIVADOS ¡¡¡ (cuyos intereses pagamos todos). Eso significa mayor esclavitud de los ciudadanos al sistema bancario. Por no hablar de lo que significa el ACGS (Acuerdo General de Comercio y Servicios) en cuanto a privatización de los servicios públicos que han sido tradicionalmente responsabilidad del Estado (sanidad, educación…)”.

“Hubo un simulacro de debate sobre Maastricht. Recuerdo que, en aquel entonces, no se habló en lo absoluto de las instituciones. Se hablo de la moneda, es cierto. Pero ni siquiera se mencionó lo más importante en el plano monetario. No se nos dijo nada, por ejemplo, de la entrega total de la creación monetaria a bancos privados (artículo 104, convertido en el art.123 del Tratado de Lisboa), a pesar de que eso constituye un verdadero escándalo, principal motivo de la deuda pública que asfixia a nuestros Estados e importante causa del desempleo endémico que asfixia nuestras economías”.Etienne Chouard.

¿Quienes son esos que estarían hipotéticamente por la labor de esa Europa increíble? En primer lugar los banqueros y grandes riquezas, ya que el dólar no es ya una referencia como para no invertir en oro y monedas más seguras. El euro, respaldado por una Europa “grande y unida” sería el bastión perfecto. Luego las multinacionales, que encuentran en Europa un mercado de cada vez más fácil acceso. Detrás los políticos, porque son ellos los que canalizan las inversiones hacía los pueblos y son ellos los puntos de referencia de los dirigentes de grandes empresas. Después estarían los técnicos, aquellos que dependen de los políticos”.Miguel Furlock .

Todo esto lo sabían nuestros dirigentes políticos (Rajoy y Zapatero), cuando nos embarcaron en un referendo manipulado hasta las trancas para ocultarnos lo que se escondía tras ese fatídico Tratado de Lisboa que nos empujaron a aprobar. Y en este sentido, es humillante la falta de respeto que nuestros gobernantes han tenido siempre con los ciudadanos a los que engañan y manipulan a su antojo. También es triste que unos ciudadanos toleren que se la “den una tras ota” a causa de su manifiesta despreocupación e ignorancia con lo que votan. Hoy por hoy podemos decir sin temor a equivocarnos que nuestra clase política, al menos los dos partidos mayoritarios, es la gran responsable de este inmenso mal que nos aflige a todos, pues asumieron y aceptaron en su momento la deriva europea a la que hoy nos enfrentamos. Las privatizaciones de los servicios públicos, el ataque a la sociedad del bienestar, el paro etc., ya estaba previsto en la letra pequeña del Tratado de Lisboa, y era del conocimiento de nuestra casta gobernante, la misma que ahora nos quiere hacer creer lo de la supuesta “crisis” para obligarnos a aceptar esta durísima reconversión en la que se pretende sacrificar nuestros derechos ciudadanos en favor de los mercados. La encerrona les ha salido redonda. No podemos devaluar nuestra moneda porque ya no la tenemos, tampoco nuestro Banco Central puede emitir moneda porque estamos bajo la atoridad del BCE (Banco Central Europeo) y éste se niega a cumplir con su cometido como banco central de la Unión porque está a las órdenes de los banqueros alemanes y los especuladores que se están forrando con la usurera prima de riesgo. Tampoco toda esa tropa de instituciones europeas que vive a cuerpo de rey a costa nuestra está moviendo un dedo para cambiar el actual estado de cosas, por lo que es fácil deducir que la Europa del futuro continuará siendo la que hoy padecemos o quizás peor. Y si es así, yo no quiero pertenecer a esa Europa. No a este precio. Tengo claro que mi libertad y derechos están por encima de las veleidades europeistas y máxime si éstas me llevan al infierno.

j.m.boix