Es triste, inhumano, cobarde y del mal nacidos consentir que nuestros muertos y desaparecidos continúen esparcidos por los campos, por los cementerios; hacinados en fosas comunes, sin nombre y condenadas al olvido. Ninguna democracia que se precie ha cometido tanta injusticia con sus muertos como la nuestra. A veces pienso que nos merecemos, por cobardes, todo lo que nos pasa en esta España estúpida y maldita.

Dimos por buena una democracia con muertos en las cunetas.

j.m.boix