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Plaza de Tahrir 9 de septiembre de 2012. No se fueron hasta que vencieron.

Dicen que las revoluciones. los desórdenes sociales, las sublevaciones populares producen miseria, hundimientos económicos, catástrofe social. Sin embargo en estos días nuestro pueblo va directo a un desastre, a una debacle económico- social sin precedentes sin que medie por medio revolución alguna, o estallido social. Sencillamente nos llevan al matadero entre manifestaciones cívicas y ordenadas, entre cánticos al pacifismo y buenas costumbres, incluido ramos de flores a los verdugos. Aún así nos dan de palos y patadas en ese camino fatal al exterminio social. Es la brutal liturgia del fascismo, su modo de responder a cualquier actitud civilizada, pacífica y de dialógo. Sin embargo, ante esto continúamos sin reaccionar.

Cuando leí los puntos programáticos de la Plataforma en Pie me pareció que se ajustaba básicamente a la realidad que tenemos y queremos cambiar, y así lo expresé en este blog. Luego se pulió la estrategia. ¿Por qué, entonces, darle más vueltas con más y más iniciativas que en su mayoría solo difieren en apreciaciones y matices? Por qué tanto advenedizo con un programa personal bajo el brazo? ¿Qué nos está pasando? La atomización es escandalosa. El 15M, Democracia real ya, La Coordinadora del 25-S, Plataforma en Pie, los Anonymus y más que hay por ahí… la mayoría enfrentados. Así no hay lucha que llegue a buen fin. A más de uno cabría recordarle que no estamos en un juego de competiciones de consola. Que es nuestro futuro y el de nuestras familias lo que está en juego.

La praxis que nos está dando el pueblo egipcio con su constante jaque al gobierno y al Estado es por menos admirable. Quería democracia y sabía que para obtenerla debían acabar primero con Mubarack y no abandonaron Tahrir hasta que lo lograron. Después hubo elecciones y nuevamente se alza contra el ganador, Morsi, con la firme decisión de tumbarle si no cambia en sus pretensiones de estar por encima del bien y del mal con una Constitución a su medida. Desde la comodidad de nuestro sillón aplaudimos a los egipcios y lo vemos, incluso, todo muy fácil pero muertos le está costando su lucha a este valeroso pueblo. Porque luchar por ls libertades nunca fue un juego. Conseguir doblegar al poder que nos oprime no sale gratuito porque tiene sus severos riesgos. España no es la civilizada Islandia. Allí el poder democrático se dio por enterado con unas cuantas manifestaciones, aquí habría que prender fuego al Congreso para sacar a todas las ratas que allí se esconden y medran. Y digo todas porque ningún político que se precie de honrado permanecería un minuto más en ese hemiciclo de caraduras y corruptos que actúa de convidado de piedra ante los decretazos del gobierno en favor del capital. Un Congreso que, vergonzosamente, se blinda ante el clamor de la calle, sus representados.

Cuando las democracias derivan a lo que hoy estamos sufriendo en España, hay que limpiarlas y sanear sus corrompidos engranajes y rincones. De esta manera es necesario desmontarlas y crearle el cortafuegos necesario para que no vuelva a ocurrir lo que estamos padeciendo. Y ese cortafuegos supone una nueva Constitución, seria y realmente democrática, que ampare jurídicamente en sus derechos y libertades hasta el último ciudadano. Una Constitución que obligue al poder y a los partidos políticos a cumplir sus programas y castigue con dureza ejemplar la corrupción política, devolviendo de esta manera la moralidad a la vida pública.

Hoy esta Constitución del 78 está muerta. A su inerte y cadavérica sombra se están vulnerando importantes derechos ciudadanos que debía proteger. Una Constitución que fue ungida desde el peor de los burdeles posibles y enjuagada con la traición de una izquierda que olvidó y abandonó a cientos de miles de víctimas en los polvos del camino. De esta manera la Constitución del 78 nunca pudo ser una Constitución de todos porque, además y si no fuera poco, no se votó en libertad sino bajo el siniestro  calzador del miedo: “o la Constitución o volver a la barbarie del 36”, era el mensaje que daban los franquistas con imágines de la guerra civil incluídas en algunos spots a favor del sí en el referendo.

Una Constitución donde al día de hoy  ha quedado más que en evidencia su mascarada social. Porque, ¿dónde queda a estas alturas el “derecho a una vivienda o a un trabajo digno”. ¿Dónde su sentido social del reparto de la riqueza? Y si quedaba algo vivo en ella, los socialistas lo remataron cuando convirtieron la Carta Magna en un indecente pagaré al servicio de los prestamistas especuladores. La Constitución del 78 es hoy más que nunca papel mojado. Un cadáver de mucha utilidad para la derecha fascista que resucita cuando le interesa. ¿Hasta cuando se va a consentir esta burla? ¿Alguien en su sano juicio aún puede creer que con un apaño o algún que otro remiendo nos puede servir la Constitución del 78?

Mientras continúamos quemándonos con nuestras sesudas e interminables deliberaciones sobre cómo hacer una revolución pacífica, qué hacer con los infiltrados o el “grave” problema de encapuchados sí, encapuchados no,  la inmensa apisonadora del PP continua, impávida y al salvaje grito “que se jodan”, triturando a la población sin que ningún impedimento legal ni Constitución alguna la detenga. De nada le sirven a estos asirios de la destrucción los gritos de protesta de la calle, de los jueces, de los rectores de las universidades, ni el de los sanitarios escandalizados con la privatizaciones. Ni, por supuesto, les remueve la conciencia la imagen de cientos de miles de víctimas aplastadas… En su lomo viajan todos los delincuentes y criminales del país dispuestos a saquear, entre risotadas, los despojos de nuestra moribunda “sociedad del bienestar”.

Estoy convencido de que ya no hay lugar ni tiempo para las dudas, ni más ridículas historias. La urgencia es pararlos ahora y como sea. Esto es una guerra con centenares de miles de víctimas sociales y hay gente que aún no se ha dado cuenta o no lo quiere reconocer. Es más honorable abandonar por miedo y decirlo, que no seguir parapetándose en prosaicas razones que enmierdan aún más nuestra capacidad de combatir. Las luchas particulares de cada uno ya no nos llevan a ningún sitio, solo la UNIDAD DE ACCIÓN  de todos los ciudadanos nos puede dar alguna alternativa de esperanza.

No hay que diversificar nuestras exigencias. Es necesario resumirla en lo que realmente es capaz de desmontar esta barbarie: TUMBAR ESTA PÚTRIDA CONSTITUCIÓN. Lo demás es aguantar el pulso hasta la victoria.

j.m.boix