ANDALUCÍA

Vaya por delante que me produce enorme tristeza y rabia que nuestra gente, sobre todo la juventud tenga que emigrar, y que otros países aprovechen para su economía su excelente preparación. Sin embargo, tal situación es una realidad que sobrepasa lamentaciones que nada sirven. El plato de habichuelas hay que buscarlo allí donde se encuentre y eso es algo incontestable.

Sin embargo, y como desgraciadamente ocurre siempre, nuestras administraciones van a remolque de las nuevas necesidades que acucian a nuestros futuros emigrantes, entre ellas y la más importante, los idiomas. En Andalucía, la mayor cantera porcentual de paro del país y por tanto de potencial emigrante, La Junta de Andalucía no parece estar al loro de esta nueva necesidad que surge de esta fatal realidad. En mi pueblo he hablado con jóvenes y no tan jóvenes que desean marcharse y que no lo pueden hacer a causa del idioma. El mío es un pueblo con pocos habitantes ––no llegarán a los tres mil–– pero el paro azota de manera criminal a la mayoría de su censo como, de seguro, sucede en el resto de los pueblos andaluces. El derrumbe del ladrillo y con él, de la economía auxiliar ha devastado cualquier posibilidad de encontrar fuentes de trabajo. Escuché por diferentes medios que en Cataluña, la Consellería de Empleo estaba poniendo en marcha acelerados cursos de inglés y alemán básicos ante la importantes  ofertas de trabajo que nos vienen del exterior. Sin embargo, y a preguntas con el Concejal de empleo de mi pueblo sobre este asunto, me informa que los cursos que sigue ofreciendo la Junta de Andalucía, además de diezmados en su número por los recortes, continúan anclados en las inercias de un mercado que ha dejado de existir. Los cursos de albañilería, jardineros, pintores etc., todos ellos a la sombra de la construción ya no tienen mucho sentido si no se encauzan para la emigración. Pero para optar a esta salida profesional hace falta el conocimiento, aunque sea a nivel muy básico, de un idioma; en estos momentos el inglés y el alemán. Desde aquí quiero denunciar la ineficacia de este gobierno de la Junta de Andalucía, enganchado al folclore de lo inútil, al no preever, y en este caso, a no atender una demanda que en otras autonomías ya se ha puesto en marcha. Así nos va.

Para terminar, hoy he leído en un periódico regional algo que, aunque no tiene mucho que ver con el asunto que trato en esta página, sí que me ha  removido las tripas y no me resisto a decir lo que pienso al respecto. En él se publica una encuesta del  Barómetro del Grupo Joly, al que pertenece este periódico, donde se recoge el índice de confianza que merece a los andaluces la actual situación de las instituciones, tanto políticas como financieras. Pues bien, si hay que darle credibilidad a esta encuesta, ninguna institución aprueba salvo LA POLICÍA Y LAS FUERZAS ARMADAS. Es para cagarse que un pueblo muerto de hambre como el nuestro siga con parámetros de valoración propios del siglo diecienueve. La andaluces valoramos positivamente una policía que nos apalea por defender de manera pacífica nuestros derechos, y unas fuerzas armadas donde algunos viejos prebostes aún ronronean en el golpismo. Así nos va en este desgraciado pueblo nuestro que, al parecer, le va la marcha de continuar siendo el culo de España y el ano de Europa. A pesar del despertador que supone el himno, aún no nos hemos levantado. 

j.m.boix