Queda claro que los socialistas prefieren hundirse a virar en redondo. Toda la debacle corrupta que destroza el país tiene su matriz en los gobiernos socialistas y peperos que han gobernado España a su conveniencia como si fueran los amos del cortijo. Porque la terrible corrupción que padecemos viene de lejos y ha prosperado gracias al beneplácito de estos dos grandes partidos que nunca procuraron medidas severas contra este imparable cáncer que hoy nos arruina. Lo han dejado todo hecho un cisco, y han procurado a los habitantes de este país el peor de los futuros.

 

PP y PSOE son marcas que hay que retirar del mercado político porque están pasados de fecha y apestan a podrido. Sin embargo, y para nuestra desgracia, estas estructuras caducas y corruptas aún dominan y controlan nuestro Parlamento y las instituciones políticas del país. De esta manera la situación que atravesamos se torna inaudita con un PP inmerso en los entresijos de una mafia que anula toda su credibilidad y legitimidad para gobernar y que lo invalida para afrontar ese urgente saneamiento y regeneración de unas instituciones donde ya no se salva ni la Casa del Rey. Sin embargo, la alternativa, ese otro partido que va de segundón en número de escaños, tampoco ofrece mejores garantías. Un PSOE con un Rubalcaba con el peor de los currículos, se debate hoy en una desgraciada ruptura con el PSC. ¿Y por qué? Pues porque el primero pretende seguir siendo el otro partido homónimo, el otro grande al servicio de los abultados “intereses de la patria”. No olvidemos que con los socialistas han vivido mejor que nunca los banqueros, los especuladores y toda esa ralea de chusma que han hecho de este país un monumental secadero de chorizos que hoy se nos impone en este mercado de la inmoralidad y la indecencia.

 

A mi no me duelen prendas decir y seguir manteniendo que defiendo la libertad de los pueblos para elegir su propio destino, se llame Cataluña, Euskadi o Escocia. Además, creo que ha sido una premisa democrática en la que hemos militado toda la izquierda, incluso el PSOE cuando no ha tenido que dar la cara. Pero a la hora de la verdad el PSOE siempre hace aguas. Es como su republicanismo verbenero y de pacotilla. En estos momentos no hay mayor valedor  de la Monarquia en nuestro país que el PSOE. 

 

Ahora demoniza al  dirigente del PSC porque apoya un plebiscito para consultar al pueblo catalán. ¿Desde cuándo una consulta democrática es tan horrible pecado como para quebrar la unidad socialista? Van a la deriva, sólo buscando el voto aunque sea en las alcantarillas del perjuro.  Y esto es así porque es un partido sin principios ideológicos que marque su norte. El PSOE siempre ha gobernado en provecho de sus propios intereses, y a favor de donde sopla el viento. Pero en estos tiempos los vientos son huracanados y aullan desde cualquier lugar. Incapaces de ajustar el timón a un rumbo que no tienen, los socialistas se desparraman y remolinan, intentando hacer causa con lo que sea. Los vemos a favor de la dación en pago en las hipotecas, en las manifestaciones contra la banca y los chorizos, contra la corrupción, olvidándose que durante los largos años que gobernaron con mayoría absoluta fueron los mayores protectores de los banqueros, dieron por buenos los desahucios, y alentaron y practicaron este neoliberalismo degenerado y corrupto que nos ha llevado a la ruina. 

La oportunista indefinición del PSOE hace que Almunia ––Comisario Europeo–– nos exija sin menor pudor más recortes y mayor reducción del déficit, al tiempo que otros de su mismo partido se enganchan a la calle gritando contra el PP y su política de recortes. ¿A qué socialismo creer?

Felipe González Márquez destruyó el socialismo en Suresnes, convirtiéndolo en una banda de oportunistas donde cabían todos sin remilgos ideológicos. No hace falta enumerar la pléyade de importantes socialistas que han dirigido el país y que ahora disfrutan –– totalmente alejados de las maldades de la crisis –– de un puesto de oro en financieras y multinacionales comenzando por el propio González.

El PSOE nunca fue lo que pretendió ser, y hoy tampoco.

j.m.boix