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AYER, LOS MANIFESTANTES FUERON ASEDIADOS POR UN EJÉRCITO DE MÁS DE 1.400 POLICÍAS, ESCUADRONES DE CABALLERIA, DECENAS DE LECHERAS Y POR EL SEÑOR POSADAS, CANCERBERO DEL CONGRESO.

Ayer, 25 de abril, poco más de mil personas se apostaron pacíficamente a pie de una valla que les separaba más de medio kilómetro de un Congreso que dice representarnos. El señor Posadas, el cancerbero del nido de corruptos que allí habita, asomaba de cuando en cuando la nariz para observar a la ingente tropa del gobierno apostada contra el pueblo. El vocerío de los desarrapados le llegaba de muy lejos y respiró tranquilo. Una vez más la democracia estaba a salvo del populacho.

 Ayer la gente tuvo miedo. Hay gente muy peligrosa en este gobierno que sólo sabe provocar. De nuevo los incidentes fueron alentados por la policía que tornó a cargar porque unos jóvenes zarandearon la vergonzosa valla que defiende al Congreso de las iras del pueblo. No vi en ningún momento que los manifestantes llevaran palos, u otro tipo de materiales que hicieran pensar en una concentración violenta. Sus manos estaban desnudas. Dicen los de la policía que requisaron un par de petardos de feria y algunos cócteles. Total, toda una revolución armada.

 Respirar se está volviendo un acto violento en este país. Esa misma mañana, la tropa armada del gobierno penetraba a sangre y fuego en la Universidad con el permiso de un rector cobarde, para detener y aterrorizar a los estudiantes que habían decidido allí encerrarse pacíficamente. Ya no quedan cuarteles para las víctimas de esta represión, ni iglesias ni universidades que las proteja.

 Ayer se detuvo a demasiadas personas por nada, y hubo demasiados policías heridos por nada. Ayer venció la propaganda fascista por nada. Sólo fue el fracaso de mil personas asediadas por mil quinientos esbirros del régimen. Sólo el fracaso de una democracia encarcelada entre ingentes barreras metálicas. Ayer faltaron los seis millones doscientos mil parados en la plaza de Neptuno. Ayer faltaron mucha gente, demasiada. Sin embargo el miedo es algo justificable, y vuelve a triunfar una vez más. Porque don miedo se ha vuelto un omnipresente policía, el peor de todos ellos, el más eficaz. Se le teme más que a la propia hambre.

 Ayer, el aguilucho rostro de la Cifuentes apenas podía disimular una maligna satisfacción de triunfo. Su culto a la coacción y al terror había triunfado una vez más. Ayer no pasó nada. ¿Pero, qué podía pasar en una convocatoria anunciada por ese chivato de internet? Alberto Casillas Asenjo, el camarero que defendió en su establecimiento a los manifestantes del 25-S de la brutalidad policial lo tenía muy claro cuando el otro día manifestó “que el que quiere hacer realmente daño no lo va pregonando por internet”.  Más razón que un santo.

 Ayer los medios televisivos, entre ellos “la Sexta” hicieron un lamentable espectáculo del evento. Ayer estaban todos contra los concentrados. Ayer se olvidaron del abuso policial, atentos sólo a magnificar cualquier atisbo de violencia de los machacados que ya no saben como hacerse escuchar.

 Así las cosas, la presión de la olla sigue subiendo.

j.m.boix