VIDELA 0

Videla no se traicionó nunca. Seco, enjuto, rígido como un cadáver que vive, consumido por un odio que lo enflaquecía al costo de entregarle las fuerzas para la devastación, fue siempre el mismo. Siempre igual en su pasión tanática. Porque era eso: un ser pasional. Constituido por la pasión de dar muerte a los otros. El terror era su idea del orden. La de los cementerios, su idea del silencio. Torturar, su modo de escuchar a los otros. Hablaba, él, poco. Sus oídos estaban abiertos a las palabras que contenían información, las que le llegaban de la tarea de inteligencia que tenía su lugar en los campos de la muerte. Sus oídos estaban cerrados para la súplica de los que pedían por sus seres queridos. ¿Para qué abrirlos? ¿Para qué escuchar palabras de seres que habían parido subversivos? (José Pablo Feinmann).