PAZ EUSKADI

A los abertzales, a los que apoyaban a ETA se les dijo un día que dejaran de matar y que defendieran sus ideas de forma democrática. De una manera u otra eso han hecho y ahora Bildu representa al segundo partido más votado de Euskadi. Para ello tuvo que superar el riguroso escalpelo de la “ley de partidos” y fue el Constitucional quien dio vía libre a la salida y representación democrática de un partido que obtuvo más de trescientos mil votos en las elecciones del 2011. 

Pero la derecha también quiere acabar, silenciar como sea la contundente manifestación democrática del independentismo vasco. En definitiva, a la derecha parece importarle muy poco que ETA haya dejado de matar o no, porque en el fondo su problema es que la idea de Euskalerria se defienda de una manera u otra.  Me da la sensación que a muchos de esta ultraderecha ultramontana que hoy palpita con fuerza en diferentes foros televisivos y periodísticos, les gustaría que ETA volviera a las andanzas, a los primeros titulares de los periódicos y medios. De esta manera todo resultaría más sencillo.

No ha habido ningún proceso de paz en Euskadi y sin embargo se ha dejado de matar. No niego que la eficacia policial tenga que ver y mucho en esto, pero el ensañamiento no es una opción muy positiva ni tampoco inteligente para la necesaria paz social que necesita esa autonomía, por lo demás, una de las más próperas y con menor paro de España a pesar del conflicto que arrastra. Los presos continúan en las cárceles  diseminados por toda la geografía de nuestro país, y la doctrina “parrot” se sigue aplicando a pesar de las directrices en contra del Tribunal Europeo.

La ilegalización de Bildu sería una grave imprudencia y un triunfo para los que no quieren la paz en el País Vasco, y eso lo sabe el gobierno. La firmeza es compatible con abrir los cauces necesarios para normalizar una sociedad quebrada, el ensañamiento no. El Estado tiene todos los resortes para darle

la puntilla a este larguísimo periodo de fractura social en Euskadi, pero debe hacerlo sin emplear el arma de la humillación y mucho menos la persecución ideológica. Antes el independentismo se defendía con la fuerza de las armas, ahora se defiende desde las urnas y bajo el mandato de los votos. Ya no cabe, que ser independentista o abertzale continúe siendo sinónimo de ETA. Hay que dejar restañear las heridas y para eso se necesita tiempo.

j.m.boix