ACOSO-TELEFÓNICO

No hace falta recordar que muchos ciudadanos viven bajo el temor del teléfono. Porque este cacharro, qué tan útil y necesario resulta para nuestra vida  cotidiana puede tornarse un instrumento de tortura en manos de desaprensivos y delincuentes.

No hace falta recordarle a los lectores esas llamadas severas del banco exigiéndote que cubras un descubierto de la cuenta, la devolución de una letra etc. Son llamadas que sobresaltan pero que no tienen nada que ver con aquellas otras que reclaman el pago de la hipoteca. Estas sí se vuelven una tortura, un infierno por las mañanas, las tardes y noches. En esta ocasión el banco no te da tregua ni cuartel, te machaca, te desquicia, te vulnera sin miramientos. El ring suena sin remedio, se torna una pesadilla sin que nada puedas hacer, sin que puedas defenderte, sin que haya manera de librarte de él. Una familia ya de por si aterrorizada cuando llega el momento de que no puede pagar la hipoteca, además tiene que soportar el indecible sufrimiento, la inmensa impotencia y desesperación de unas llamadas a cualquier hora del día y de la noche. Llamadas que se vuelven cada vez más amenazadoras e insultantes. Los procesos previos a los desahucios en este maldito país son agónicos, una horrenda tortura en la vida de cualquier familia que le toca la desgracia. Porque se topan con la indefensión total, sin que haya ley que les proteja. De ahí los suicidios de aquellos que caen en una espiral de desesperación de lo inevitable. Ada Colau dio en el blanco cuando llamó a los banqueros de este país criminales y mafiosos. Es que no les cabe otros calificativos a igual que a este gobierno de fascistas que los proteje.

Sin embargo, cuando nos llega estos difíciles momentos de los que nadie está a salvo, es necesario no desesperar y actuar de la mejor manera para tus intereses. He leído un artículo en un blog amigo cuya lectura resulta muy interesante a la hora de qué hacer ante estas llamadas coercitivas y cómo hay que tratarlas.

http://victimasdelbanco.blogspot.com.es/2013/10/que-hacer-cuando-nos-acosan.html

j.m.boix