mar22

Todos tenemos asumido que es dificil mover a la gente. Los motivos serían innumerables y máxime en un país ferozmente cómodo e individualista como el nuestro donde cada cual tiene “su propia solución al problema.” Si encima los objetivos de las movilizaciones suenan poco claros o insuficientes, pues qué quereis que os diga. Con todos los respetos que me merece cualquier iniciativa social, la llamada marcha por la dignidad, me parece un brindis al sol, hermoso eso sí, pero no más que eso si no conlleva un fuerte aparejo de contestación social. Marchar a Madrid para pedir a este gobierno que nos conceda o devuelva la dignidad lo entiendo como un penoso ejercicio de auto vejación que no responde en absouto con lo que debiera ser la actitud de un pueblo cabreado.

La realidad es que toda la izquierda aplaude el ejercicio de lucha de los vecinos de esa barriada de Burgos que ha plantado cara al poder con sonadas batallas campales. Batallas que han saltado fronteras y que responden a una clara actitud de gente valerosa que no han puesto pies en polvorosa a la hora de enfrentarse a la represión y a la cárcel para defender su dignidad. Vecinos victoriosos a los que no se les puede reclutar para ejercitar extrañas marchas por la dignidad porque ellos no la han perdido nunca. Ciudadanos que han sido muchos de ellos criminalizados en los medios, tanto por la derecha como por los salvapatrias de esa izquierda cobarde y cínica que nunca se mancha las manos pero que tampoco hace ascos a los réditos de la mal llamada violencia social provocada por el Estado.

Vaya por delante, lo he escrito en varias ocasiones, que no soy amigo de la violencia pero tampoco acepto la del Estado. No soy violento pero aún no me han comido el tarro lo suficiente para no saber discernir entre la violencia del agresor y la legítima defensa del agredido.

Esta izquierda que pretende liderar una nueva andadura se me antoja tan gatoparda como la que hoy asienta su culo en la Carrera de San Jerónimo o la que opta por un dorado sitial en la Europa del BCE. Sólo así se explicaría su miedo a un derrumbe general del sistema que la amamanta y que, estoy seguro, pretende seguir legitimando a base de parches y apaños para que nada en realidad cambie.

mendigos-IHT

Volviendo a la marcha por la dignidad entiendo esta como una claudicación en toda regla, un “devuelvanos la dignidad por favor” humillante e impresentable para un pueblo lacerado por interminables afrentas. La marcha por la dignidad supone una bofetada, un revés para todos aquellos que ya luchan pie a tierra por esa misma dignidad y que han visitado las cárceles en defensa de nuestras libertades secuestradas. Cierto es que en este mundo nada es blanco o negro pero también no  es menos cierto que en este país se ha navegado demasiado tiempo en el uso y abuso de una gama de grises que nos ha llevado a la situación de corrupción ideológica, política y social que padecemos. No quiero frentes cívicos que nos lleven a más de lo mismo, al apaño, a los enjuagues, a las componendas de las que algunos ya estamos más que hartos. La derecha ha roto todos los pactos de convivencia con una agresión sin precedentes en democracia. Ya no caben marchas por dignidades que valgan, sino lucha sin cuartel. Y si no somos capaces de tumbar este gobierno corrupto y antidemócrata será porque nos falta el valor y las ganas. Digámoslo claro alto. La mayoría solo servimos para sentamos frente a la televisión y aplaudir a escondidas a los pocos que luchan.

La dignidad por la que un pueblo exige respeto hay que ganársela y no mendigarla. El que quiera dignidad tendrá que echar antes a este gobierno que nos hace indignos. Ya está bién de trapichear con nuestros derechos como hicimos en la Transición. Recuperar la dignidad es tan solo una cuestión de huevos y ganas no de marchas lloronas. Ya va siendo hora de que lo tengamos claro.

j.m.boix